Paginas pasadas de La Mancha de la Calabaza que Ladra (circa 1993)

Thu, 07 Feb 2008

Lady Double Dealer

Hoy hice dos hacks buenísimos, nada publicable porque son cosas del trabajo, pero me tienen muy contento. Uno me sirve para armar tablas al vuelo a partir de un query de SQL pero aún depende mucho de las definiciones de las tablas, parametrizar eso no está muy fácil y se queda como proyecto pendiente. La salida, de momento, es HTML o PDF, tengo contemplado tener también a CSV y LaTeX para uso personal. El otro hack tiene muchísimo que ver con el trabajo y consiste en construir listas de iniciativas de ley. No suena a mucho, sin embargo me simplificó tanto la vida que me tiene muy feliz.

Tengo que armar 14 tablas dinámicas, hacer la primera me tomó 4 días. Con los hacks de hoy espero tener listas todas para el lunes. De no haberlo hecho así, seguramente me habría tomado al menos un día cada una de ellas.

Por otra parte, estoy tomando una materia en la facultad, análisis matemático 1, y me tiene contento porque me ayuda a alejarme del ambiente viciado de la cámara.

La gente con la que trabajo directamente es muy interesante y me gusta platicar con ellos, pero el resto del ambiente es muy desagradable.

Hoy, por ejemplo, llegué a la cámara a las 7.50 de la mañana pero como en la manifestación del jueves pasado el líder del sindicato de electricistas tuvo un lapsus y dijo que hoy tomarían la cámara, decidieron pedir protección a la policía del GDF y me tomó 40 minutos poder entrar porque cerraron varias calles y tuve que dar unas vueltas con un tránsito cargadísimo por el cierre de las calles. Además siempre me pone muy de malas ver a tanto policía y los de seguridad, o «resguardo» como les gusta llamarse, se ponen muy tontos. No todos, algunos son muy cordiales, pero otros se toman el asunto con una gravedad innecesaria. A final de cuentas registré la entrada pasadas las 8.30 y la hora de entrada es a las 8.00, como me descuenten el día armo un pleito.

Estoy usando liferea para leer noticias y me gusta mucho. Antes usaba Thunderbird y está buenero pero tiene una planta de memoria muy grande.

Bueno, eso es todo.


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Tue, 25 Dec 2007

Caperucita feroz

Como casi todas las personas en este amplio mundo, hoy no trabajé o al menos no tuve que ir a mi lugar de trabajo, que no sólo es distinto sino también reconfortante.

Esto me dió la oportunidad de hacer las cosas que me gustan como quedarme en la cama hasta tarde, desayunar con calma, ver alguna película y leer. Hoy releí un cómic de Jacques Tardí, aunque desde que secuestraron ese termino para cosas mas simples, tengo que decir novela gráfica. Es una adaptación de la novela de Leon Malet «Calle de la Estación 120». Bueno, en realidad en éste largo fin de semana, con la salvedad de que ayer fui a la oficina de las 8.00 a las 13.00, releí además «Niebla en el Puente Tolbiac» y «Reyerta en la feria», ambas adaptaciones de novelas de Leon Malet y «El soldado Varlot» y «La última guerra» que son novelas de otro tipo que no recuerdo ahora el nombre y me da flojera ir a ver. Me quedan por releer los siete tomos de las aventuras de Adele Blanc-Sec y «Guerra en las trincheras» antes de pasarme de Tardí a Will Eisner para luego releer todo lo de Tin Tin y Asterix.

Hace un rato estuve leyendo artículos aleatorios de la Wikipedia, que es algo que me encanta hacer. Leo al menos un artículo al día y varios más cuando no encuentro otra cosa mejor para pasar el rato como hoy.

Al terminar de leer reflexioné sobre lo formidable que es la Wikipedia y la WEB en general. Tenemos una cantidad impresionante de conocimiento a nuestro alcance en casi cualquier tema que se nos pueda ocurrir. Por supuesto que, como dicen los detractores, también abundan la información falsa y la irrelevante, como la de los «grupos de odio» que no es mas que un eufemismo para los retrógradas de siempre que pretenden traspasarnos sus miedos como los creacionistas, ocultistas, ufólogos, etc. Pero de alguna manera estos alienados siempre terminan siendo expuestos. A propósito de ésto último, ayer ví «El nombre de la rosa» esa magnífica película que adapta el extraordinario libro de Umberto Eco en que el genial detective franciscano William de Basquerville desenmascara los asesinatos del pérfido Jorge de Burgos. Un triunfo más para la razón.

Después de éstas prolíficas disquisiciones, me siento obligado a colaborar con el conocimiento universal y escribir de algo que ayude a la raza humana. Así pues, retomo el hilo de ésta entrada en mi blog: sobre la importancia a la hora de escoger una cortina para el baño buscando redimir el error de hace casi dos años.

Cuando compré la cortina anterior, la decisión se basó exclusivamente en un criterio estético. Las baldosas, muebles y azulejos de mi baño recorren las tonalidades del verde y por eso busqué una cortina de este color. Mi error, y que esta vez quedó enmendado, fue no pensar en la caida de luz natural y artificial en el área bajo la ducha. Mi cuarto de baño tiene muchos errores de diseño y el peor es que la ducha está en la pared opuesta a la ventana y la única lámpara apunta directo sobre el lavamanos, que está situado al lado de la ventana. Es así que los días de trabajo, que me ducho a las seis de la mañana, no tengo buena luz y a veces, por lo temprano que es y lo pequeño de mi cuarto de baño, dudo de si me estoy enjabonando el brazo o la toalla.

Por casi dos años viví con esta incertidumbre e incomodidad hasta que hace dos fines de semana en un supermercado al que voy poco encontré el santo grial de las cortinas: una cortina semi translúcida. De inmediato la coloqué, de nuevo contra mi costumbre de comprar y almacenar, y la alegría volvió a esta casa.

Ahora, satisfecho de haber colaborado con el conocimiento colectivo, me voy a comer y a ver una función doble de películas de esas que tanto me gustan, de intriga y muchos balazos, «Contacto en Francia» partes uno y dos, convenientemente empacadas en un sólo DVD para mayor deleite.


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Sat, 29 Sep 2007

Highway to Hell

Las tres ultimas semanas han sido un infierno. Llevé a Clotilde al veterinario porque le crecieron unas bolas en el pecho. El primer diagnóstico es que eran tumores por cuestiones hormonales. Debo aclarar primero que Clotilde tiene poco más de ocho años y Pánfila poco menos de ocho y que no habían sido esterilizadas porque me parecía algo muy bárbaro y violento. Esto lo pensé en el mejor interés de ellas, pero resultó contraproducente. Una vez más fui víctima de mi propia ignorancia y en el camino me llevé a dos inocentes.

Hubo un momento en que la veterinaria salió y nos dejó solos en el consultorio y empecé a temerme lo peor. Cuando regresó acompañada de otro veterinario, ambos con el rostro severo, se me fué el corazón al piso. De inmediato comprendí que venían muy malas noticias. Comenzaron a explicarme que esa situación era muy común en gatas de su edad que no han sido esterilizadas y que lo que procedía era ver si se podía operar o «ponerla a dormir». Los veía hablar, sin oir lo que decían y como en cámara lenta vi a Clotilde jugar con hilitos cuando cabía en la palma de mi mano y la recordé haciendo pataletas porque no le hacía caso cuando se acostaba en mis piernas mientras yo trabajaba o leía y todas esas veces que me recibió asomada en la ventana de la cocina maullando al sentirme subir por las escaleras.

Por supuesto que mi respuesta fue que se hiciera lo necesario para mantenerla con vida.

Le tomaron un par de radiografías, para ver si los tumores no le habían invadido los pulmones. Por suerte aún no, operarla era una opción. De inmediato le tomaron una muestra de sangre para hacerle análisis y ver si podían operarla. Regresé a la casa destrozado por la noticia y fueron tres días angustiantes de espera por el resultado. Si no la podían operar habría que matarla. Me resisto a usar un eufemismo tan hueco como sacrificar. No le sería ofrecida su muerte a una deidad para expiación de mis culpas, sería terminada su vida por culpa de mi ignorancia.

Llegaron las noticias de los análisis unos días después y recuperé un poco el ánimo al saber que su condición general era muy buena.

La operarían un viernes para que pudiese pasar con ella todo el fin de semana cuidándola. El día de la operación la llevé y regresé a la casa angustiado. La espera fue brutal. La operación duró cuatro horas y conforme pasaba el tiempo me deshacía. Finalmente me llamaron y me dijeron que no podría ir por ella porque aún no despertaba de la anestesia y que la tendrían en observación toda la noche. A la mañana siguiente me dijeron que aún no reaccionaba bien y que sería mejor que fuese por ella el lunes.

El lunes al mediodía me dijeron que ya reaccionaba a los estímulos y que podía ir a verla, pero que aún no estaba lista para regresar a casa. Fui al salir del trabajo y de nuevo me desplomé. No me reconoció y no se movía. Tenía la mirada fija en un punto y no se movía para nada. Otra vez sentí que la perdía.

Todos los días de esa semana pasé a verla después del trabajo. El martes me olió la mano, pero nada más. No se movía y estaba con analgésicos contínuamente. El miércoles la ví moverse y me enseñaron la herida de la operación. La abrieron desde la base de la garganta hasta cerca del ano. El jueves llegaron los resultados de las biopsias y si había carcígenos en los tejidos, pero de acuerdo a los análisis estos se encuentran áreas aisladas del resto y completamente contenidas en lo que le fue retirado, así que, de momento, está a salvo. Cuando fui a verla estaba de muy mal humor y hasta ese momento no había querido comer, estaba con suero. Me dijeron que seguramente se debía a que sentía que estaba en un ambiente hostil y que al regresar a la casa ya comería sola. El viernes la traje a la casa.

Al llegar, Pánfila se le acercó y la desconoció. Corrió a esconderse. Llevé a Clotilde a la habitación que preparé para que estuviese aislada unos días. De inmediato comió, bebió y fue al baño. Me sentí muy aliviado.

Estuve un tiempo con ella, pero como tenía cosas que hacer decidí traerla a la habitación en la que trabajo. Al salir, Pánfila estaba cerca de la puerta y al verla trató de atacarla. Fue terrible pero reaccioné rápido y Pánfila se fue.

Estuvo un buen rato en ésta habitación, la misma desde donde escribo esto, y luego la regresé a la otra para que durmiese. Me acosté a las once la noche y a las cuatro de la mañana la oí maullar desesperada. Fui corriendo y sólo quería jugar. Volvía a ser la misma. Estuve un poco con ella y regresé a dormir.

Hoy a las doce debía de llevar a Pánfila también al veterinario y por lo que había pasado la noche anterior y porque no me dejaba acercar a ella pensé que no podría, pero cuando llegó el momento, la cargué y la metí en la jaula sin que protestara.

Pánfila nunca ha dejado que alguien la toque aparte de mí, sin embargo, en la consulta se portó de maravilla y la prognosis es que está sana, aunque demasiado delgada. En un mes se le harán exámenes, de momento no puedo lidiar con los dos asuntos.

Hoy las he tenido a las dos en ésta habitación alternadamente, Pánfila aún desconfía de Clotilde porque huele a medicinas.

Ha llegado el momento de darle los antibióticos y limpiarle la herida. No le gusta nada y debo de batallar un poco.


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Sun, 12 Aug 2007

Tomorrow Is A Long Time

A veces las desgracias se acumulan. Cuando llegan en pequeñas dosis1 es llevadero pero estos días se me acumularon varias. ¿Recuerdan mis predicamentos con Giga? Bueno, pues están regresando. Es horrible revivir todo aquello, pero parece que los equipos de cómputo actuales están destinados a vivir muchísimo menos que los de hace diez años, como Caserola.

La semana que hoy termina ---en caso de que las semanas terminen en domingo por ser el último día del fin de semana y no el sábado ya que algunos consideran que la semana empieza en domingo--- fue una de las dos semanas de vacaciones a las que tengo derecho en mi trabajo y justo el martes Tupelo decidió que ya era suficiente y comenzó a dar un poco de lata.

Acudí a mi técnico de confianza, el buen Alexander y me ayudo con el ventilador del «chipset» que ya había muerto hacía mucho y con otras cosillas que describo a continuación.

Hice lo que no se debe, habibis recuerden bien esto: cuando algo falla, primero arreglen eso y después se ponen a experimentar o lo que es lo mismo, un paso a la vez. Pero justo lo que hice fue, que luego de un par de «congeladas del sistema» decidí que era momento de cambiar a Tupelo de gabinete, ponerle una nueva tarjeta de video y además actualizar el sistema operativo. El primer resultado es que la fuente del nuevo gabinete no aguantaba y se iniciaba la máquina contínuamente en operación. El segundo es que la configuración de la tarjeta de video fue una lata. El tercero es que las cosas que tenía funcionando sin problema hube de irlas restaurando poco a poco, como por ejemplo este «blog» que apenas hoy está arriba de nuevo.

El mismísimo miércoles, bajo una pertinaz lluvia partí con destino al centro de la ciudad, ese ubicuo lugar llamado «La Plaza de la Computación» o «República del Estafador» como muchos prefieren llamar.

Compré una fuente más «galletuda», una tarjeta de video de las que están muy bien soportadas en Linux (que no he terminado de configurar, por cierto) y un ventilador.

Bueno, pues la máquina levantó y ha trabajado contínuamente por 58 horas, pero el miedo persistía así que el jueves le pedí a mi amigo Calatrejo que me contactara con su proveedor para comprar «Motherboard», procesador y memoria nuevos.

El viernes se lo entregaron, pero resulta que el «motherboard» no es el que yo quería y las memorias son de las más lentas que acepta ese bicho, así que veré si mañana me cambian todo el asunto.

Me queda, entre muchos otros, algo que me molesta. Para poder ver ésta página es necesario poner un «slash» '/' al final del URL y me temo que muchos pierdan la página sólo por esa nimiedad. De entrada no tengo ni idea de cómo hacerlo, de por sí pasar de Apache 1.3 a Apache 2.0 me trajó varios dolores de cabeza.

Bueno, es domingo, son las diez de la noche y no he comido ni cenado, así que aquí lo dejo e iré a prepararme algo.

Saludos, habibis.


1  ¿Cómo es el asunto? Cuando son varias ya se que se dice «dosis» pero cuando es una sola ¿se dice dosi?


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Tue, 10 Jul 2007

Third Stone From The Sun

Hoy tuve que ir a la Compañía de Luz y Fuerza del Centro. El motivo ya lo imaginarán, me llegó un recibo por una cantidad exhorbitante de dinero. Bueno, no mucho pero sí más de lo que esperaba. Estos meses he estado con la meta de bajar el consumo y lo he conseguido, aunque aún no al nivel que desearía.

El caso es que en las tres horas que estuve allí tuve una buena oportunidad para ejercer una de mis adicciones más recurridas: observar a la gente.

Me coloqué en un rincón desde el cual pudiese observar a todos los demás que estaban esperando o trabajando. De inmediato hice una taxonomía.

Había de todo, como por ejemplo la señora fodonga que iba en pants pero con un sobrepeso de miedo y, que sin duda, el único ejercicio que hace es destapar la rosca de los quinientos refrescos que consume al día. Estaba tan seguro de ello que cuando sacó el refresco de cola light del bolso, no me sorprendí.

Estaban también los infaltables choferes o recaderos con los recibos e instrucciones precisas de que reclamar en favor de sus empleadores. Faciles de distinguir, los encargados de obra que van a abrir contratos para las construicciones.

Los apurados oficinistas, las amas de casa, los estudiantes, todos consultando el reloj cada cinco segundos.

Tampoco puede faltar el proverbial simpático que a todo aquel que se le acerca le dice la misma frase con una pequeña variante, según el caso: «yo sé lo que le digo señora, váyase usted a preparar la comida y cuando regresé todavía tendrá que esperar» o «yo sé lo que le digo señor, váyase usted a reportar a la oficina y para cuando regrese todavía tendrá que esperar» y así ad vomitum.

Tuve la desgracia de que se detuvo un buen rato a mi lado, así que oí el chiste tantas veces que no entiendo como puede él mismo no aburrirse de repetirlo.

Bueno, es todo por hoy. Salud habibis.
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Thu, 19 Apr 2007

No estoy escuchando nada porque Banshee se pasma cuando meto un CD vírgen.

Estaba en mi ronda de lectura de blogs usuales y me di cuenta de que no había leído algunos posts de Miguel y al leer el que habla de LameBlog de inmediato actué y ya está, una liga más a LameBlog ¡Ups, otra más!

Bueno, pues ya que estamos de rodillas, vamos a escribir alguna tontería. Me parece que lo más pertinente sería explicar lo del título de la entrada. En mi caso, por lo general el título simplemente es el nombre de la canción que estoy escuchando al comenzar a escribir. Suena muy tonto, pero cuando a comencé a escribir en una revista tenía lo que se llama «terror a la página en blanco», que es un bloqueo que te da cuando tienes que escribir algo y no sabes por donde empezar o qué título ponerle al artículo, porque el editor es demasiado holgazán para hacerlo por tí. Entonces llegué a la conclusión de que la mejor manera de vencer ese miedo era hacer esto y la costumbre se me quedó.

Acabo de recordar que el artículo por el que más felicitaciones recibí, trataba sobre el movimiento del software libre y como en ese momento estaba escuchando la canción The Healer del álbum de mismo nombre, de John Lee Hooker y en una de las estrofas dice: The blues healed me, it healed me, healed me y en ese instante al artículo lo nombré: «¿Quién sanará mi alma?» y eso sentó el tono para el resto del artículo.

En una especie de superstición decidí que todas las entradas del blog las iniciaría con un título referente a la canción que esté escuchando en ese momento. Si no estoy oyendo música, entonces no escribo. Bueno hoy sí, por lo que ya expliqué de Miguel y el LameBlog (órale, otra mención) y a modo de protesta por que el Banshee se traba.

Para los geeks aclaro que en el control panel de Gnome apagué todas las acciones que tienen que ver con el CD y en Banshee no encontré ninguna opción que tenga que ver con esto.

Tengo algunas otras quejas con Banshee y ya entrados en gastos, vámonos con todo. El orden en que quedan las piezas, si no se marca una columna, es el cronológico y cada vez que lo cierro y lo vuelvo a abrir regresa a éste. Me gustaría que se quedara en el orden seleccionado la sesión anterior. Bueno, ya. No tengo más objeciones, el resto son cosas que desearía.

Me encantaría que al tocar aleatoriamente se le pudiesen añadir criterios del estilo: «las que no se han tocado en los últimos tres meses», o «las que tienen una calificación mayor a tres», o «las de tal artista cuyo número de pista sea primo» o incluso poner un peso a cada pieza que sea tomado en cuenta al tirar los dados para escoger la siguiente. Por ejemplo, si reduzco la lista a diez canciones y quiero que una de ellas tenga una probabilidad tres veces mayor a la de las demás, le pongo un peso de tres y mantengo las otras en uno.

Otra cosa que sería estupenda sería almacenar el volúmen al que se toca cada pieza. Tangerine Dream o Klaus Schulze a nivel bajito, Hendrix a nivel «reviéntame los tímpanos con todo lo que tengas».

Tener una clasificación del usuario también sería buenísimo. Algo así como etiquetas del estilo: movidas, baladas, mécemenena, lentorras, country-blues-del-campo, piezas-para-violín-y-tambora, schizo-techno-cumbia y para-torturar-al-vecino. Ya sé que se puede simular con los play lists, pero me gusta más lo de las etiquetas y si se pudiesen acumular, mejor. Por ejemplo: psicodélica, electrónica y para-torturar-al-vecino forman la mayor parte de mi colección.

Se me han ocurrido otras cosas que no recuerdo en este momento y antes de que me «flameen» con el archi recontra sabido «¿por qué no le añades tú lo que quieres?» les aclaro que ya una vez examiné el fuente y me rebasa por mucho, entre otras cosas porque no he hecho la tarea y estudiado C#, Mono y la cantidad inmensa de clases que emplea me ponen nervioso.

Todo lo anterior lo escribí ayer, pero olvidé enviarlo. Ahora tengo el dilema de si lo dejo aquí tal cual y empiezo a escribir otra cosa o simplemente me sigo con todo.

¡Na...! Tengo cosas que hacer, aquí se queda y en otro momento seguiré.


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Tue, 10 Apr 2007

Wonderful Remark

El anecdotario cuotidiano se puebla de frases como «Estoy considerando irme a vivir a Canadá» o el escueto y devastador «yo me largo». Da la impresión de que nos derrotaron.

El día del cierre de campaña fui con mi amigo Esteban al zócalo. Él estaba apuradísimo pro llegar lo más cerca del templete y tomar fotos, a mí sólo me interesaba ver a la gente y sus reacciones.

De toda la vida me ha interesado observar a la gente. Sería muy feliz si fuese invisible, pero no lo soy y tengo que camuflarme o buscar una barrera que me separe y proteja. Ese día era imposible y cuando llegamos al punto donde ya no era posible acercarse más, los que nos rodeaban compartían su emoción con los demás y me incluyeron. De espectador pasé a ser participante. Oí las historias de los que estaban allí, de donde eran, porque venían a este tipo de actos, y especialmente escuché sus esperanzas de justicia.

Animado por los relatos ajenos, un hombre que estaba a mi lado comenzó a decirme sus razones. Puse atención a todas sus palabras, pero lo recio de su complexión, los callos en las manos, y el gesto adusto lo delataban como alguien que está harto de ser vilipendiado.

Me explicó que era de Toluca, que era la primera vez que asistía a un mítin político y que el estaba convencido de que López Obrador es una persona honesta. Me mostró los bultos de jergas y franelas que llevaba y me explicó que a eso se dedica, que los vende en las calles: «esto es lo que hago, de esto vivo, con esto pagué mi pasaje para venir a ver a Obrador.» En ese momento en su mirada vi los más de quinientos años de opresión y del anhelo de redención acumulado.

Llegaron las elecciones y pasaron los días de la rabia del robo electoral. En las noches de concentración y empeño en demostrar el fraude recurrentemente pensaba en todos las mujeres y hombres que tienen la esperanza de ser tomados en cuenta, todos ellos personificados en el vendedor de franelas de Toluca.

Quizá sea por eso, pero yo no puedo pensar en irme y dejarlos vencer. Nos robaron, moralmente no son nada y no me voy a dejar vencer.


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Sun, 10 Dec 2006

Madman Across The Water

Hoy hice la ronda acostumbrada de bancos en Perisur. A algunos ya nos han pagado el aguinaldo y por la cantidad de gente que ví, imagino que en muchas empresas lo habrán pagado también.

Mientras pensabe en esto y en la enorme diferencia que hay entre la gente que va a comprar y los que trabajan en las tiendas y en los bancos me puse a pensar de nuevo en las elecciones y en algo que he estado rumiando desde hace varios días.

De acuerdo a varios de los trabajos que se presentaron en el seminario que sobre las pasadas elecciones se hizo en la UNAM (se pueden consultar en la página del seminario y en los trabajos de Luis Mochán recopilados en este apartado de su página) y en confirmaciones que algunas personas de mi confianza han hecho o recibido, durante el mismo día de las elecciones se hizo una transferencia de cerca de cuatro millones de votos del PRI al PAN. Esto es, que toda la estrategia previa de la campaña negra, la inducción, coacción y compra del voto desde el gobierno y la iniciativa privada no fueron suficientes y de no ser por esos votos inyectados de emergencia el resultado final sería más cercano a 36% para la Coalición por el bien de todos (PRD, PT y Convergencia), 32% para la Alianza por México (PRI y PVEM) y 25% para el PAN.

Independientemente de que se piense que las elecciones son cosa del pasado y que el cambio de gobierno es un hecho que cierra el episodio, lo que he pensado estos días es que, a final de cuentas, esa es la composición real del país y pronto se verá. No importa que la prensa y la televisón, que ahora son parte del poder, hagan su tarea de desinformación orientada a crear conformismo y aceptación en la sociedad, la realidad es esa, la derecha no representa más que a una cuarta parte del país. Debemos de tener esto muy presente.
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Sun, 03 Dec 2006

Santa María del Buen Ayre

Pequeños fraudes cotidianos o de cómo ganan dinero las grandes corporaciones.
(Tercer día de la usurpación)

Hace unas semanas o quizá ya meses, no me gusta llevar cuenta de esas cosas, la cajera del supermercado, luego de decirme la cantidad total de mi compra, me preguntó si quería donar el cambio a quéséyo fundación. Le dije que no y la señora que estaba detrás de mi en la fila me increpó. No recuerdo todo lo que me dijo pero en pocas palabras me dijo que era un miserable por no ayudar a los más necesitados y eso me molestó y le expliqué, con calma, que ese era el papel del estado. Abrió los ojos como platos, tal como si hubiese visto al demonio. Antes de que pudiese decir otra cosa le dije que la razón para que renunciáramos a muchas de las libertades a las que tenemos derecho al aceptar vivir en una sociedad y sujetos a leyes es precisamente la de buscar un bien común y para eso aceptamos un gobierno por representación y pagar impuestos con el fin de equilibrar las desigualdades de la sociedad. Como no fue capaz de responder nada, le di la propina al cerillo, tomé mis cosas y me fui.

Esto nos lleva al tema central de hoy. Los pequeños fraudes de las empresas, en particular hoy será el «Teletón».

¿Qué pasa con el dinero que la gente dona al Teletón? Pues que la organización Teletón formada por Televisa y otras empresas lo recauda, y a su vez aportan dinero para la creación de centros de rehabilitación.

Esto sería loable de no ser porque no hay ninguna claridad en el asunto. Para empezar, las empresas que donan dinero o algún tipo de intercambio comercial como tiempo de televisión y radio o productos, deduce todo de los impuestos mismos que en principio debían de ser recolectados por el estado para remediar la pobreza, origen de la desnutrición que es la causa de la mayoría de los males en la población más pobre del país. Además, no es claro quién deduce el dinero entregado por la gente en los boteos.

Por otra parte el festival asociado no es más que un escaparate oportunista para enchufarle a los inocentes telespectadores los «artistas» que Televisa quiere promover, los productos que las empresas «patrocinadoras» quieren vender y todo se envuelve en una asquerosa farsa.

Pero lo que más me molesta del asunto es que como ciudadanos no tenemos la posibilidad de saber cómo se gasta ese dinero que a final de cuentas se nos roba, porque tendría que haber llegado directamente a las arcas del estado desde donde, supuestamente, por las reglas que todos hemos aceptado se debería de gastar en lo que a la sociedad (que por el ejercicio de nuestro voto se entiende que dirigimos el sentido del estado del que formamos parte y nos pertenece) le parece que es necesario. Recuerden: todo aquello que debe de ser sujeto de impuestos y que no ingrese al estado nos lo están robando.

Son muchas las formas en que nos roban pero conectada con la anterior está la deductibilidad de la publicidad.

¿Qué es lo que realmente deberían de deducir las empresas? Pues todo lo que son directamente los costos para producción: la materia prima, los salarios, la distribución incluso y los dividendos que reparten a los accionistas (que a su vez deben de pagar impuestos por recibirlos) pero de ninguna manera la parte correspondiente a los gastos que, certera o estúpidamente, hacen y entre ellos la publicidad. ¿Por qué? Pues sencillamente porque viola el principio de equidad de los impuestos. Resulta que a final de cuentas si no consumimos un producto, digamos de Bimbo, Coca Cola o Jumex (que forman parte del grupo de empresas al que todos debemos de estar haciendo boycot) a final de cuentas lo que estas empresas deciden gastar en publicidad no ingresa como impuestos o sea nos lo roban.
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Fri, 24 Nov 2006

The Fundamentals of Brainwashing

Tengo la encía inflamada. Me duelen un diente y un ojo, por reflejo o por solidaridad, pero me duelen ambos y estoy harto.

Hoy estuve a punto de llegar tarde a mi trabajo por culpa de unos imbéciles. Sobre el descaro de chocar en el acceso al segundo piso entre Av. Toluca y Altavista, decidieron quedarse allí, seguramente esperando a los ajustadores de los seguros.

Piensan que si se quedan en el mismo sitio y en la posición exacta posterior al choque, cuando llegue el ajustador se les hará justicia y mágicamente se les resarcirá de todos los improperios recibidos durante su patética exposición al resto de los transeúntes.

Y mientras tanto los otros imbéciles, los que pasan lentamente cerca de ellos, invariablemente se detienen frente a los accidentados para examinar el percance y formarse una opinión propia de lo ocurrido, como por ejemplo: «seguro esa señora venía maquillándose», o «...si es que hay gente que no puede hablar por teléfono y manejar» y el gran favorito «segurito venían fajando».

Lo anterior lo escribí hace exactamente diez días. Lo hice en la oficina (que es la segunda vez que lo hago, pero que no me gusta) y no lo envié al blog por alguna razón que no recuerdo. Quizá por lo intrascedente pero de ser así estaría tan desierto como una tienda de lencería en «Lesbian Town».

Lotrodía mi amigo Miguel menvió esta liga con fotos simpáticas de gatos y el dueño del lugar dice que si se quiere incluir una imágen en un blog se haga localmente y no con ligas a su página para no sobrecargarla.

Encuentro esta particularmente divertida, porque a veces así me siento después de comer.


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Sun, 12 Nov 2006

After the Gold Rush

El jueves en la oficina me pasó algo que, en el momento, no valoré por completo. El viernes en la tarde, de regreso a casa en el auto, caí en cuenta de la importancia cuando lo relacioné con otro suceso.

En ese momento pensé en varias de las implicaciones de algo muy añejo al relacionar las dos anécdotas, la del día anterior y la de una plática y lo que observé cuatro años antes en un avión de Amsterdam a Turín. Un breve vuelo, pero que me causó una gran impresión. Tan grande que al llegar al destino final, la ciudad de Ibrea al norte de Turín, de madrugada y sin haber dormido un día completo, me tuve que abstener de dormir hasta que terminé de anotar mis impresiones en un cuaderno.

Hoy no tengo tiempo para desarrollar toda esta historia, pero lo haré en los próximos días.

Saludos, habibis.
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Thu, 09 Nov 2006

Suicide Is Painless

Hola gente, algunos habrán notado que éste blog estuvo fuera unas semanas. Bien lo que ocurrió fue que a la fiel Caserola, ese animal mítico de cobre y silicio, se le murió el ventilador del procesador y se sobrecalentaba, así que decidí darle un merecido descanso y jubilarla luego de que, infructuosamente, busqué un repuesto para el ventilador. Como el procesador es de esos que venían en una cápsula, fue inútil la búsqueda, ni siquiera en el cementerio de ALK apareció un repuesto.

Ahora Caserola descansa en un lugar preponderante de la habitación donde trabajo y poco a poco he ido recuperando el contenido de los discos.

Mientras tanto todo sigue igual en el pais de las maravillas.

Buenas noches habibis y ténganle un poco de paciencia a la sufrida Tupelo que, de ahora en adelante, llevará la pesada carga de ser el reemplazo de Caserola.
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Wed, 19 Jul 2006

Rain Song

Ya pasó el domingo de las elecciones presidenciales pero esto todavía no se acaba. Millones de personas fuimos robadas ese día en un atraco planeado durante varios meses.

Por supuesto que era evidente que lo harían por dos razones. La primera es que han cometido tantas torpezas y tropelías que una buena parte de los panistas con puestos en el gobierno seguramente terminarían en la cárcel. Ni que decir de muchos priístas de esta administración y de las pasadas. La segunda razón es que no cejaron en denostar a López Obrador desde el fallido desafuero y se dedicaron a, desde el fatuo poder que da el dinero, tratar de socavar la confianza que la gente común tiene en Andrés Manuel.

Carretadas de dinero, comunicadores en periódicos, radio y televisión bombardeando a la gente con la opinión oficial y «fabricando el consenso» en términos de Chomsky, propaganda en la calle, inundaciones de spam, campañas plagadas de FUD (fear, uncertainty and doubt o miedo, incertidumbre y duda), compra y coacción del voto, fraude en casillas, fraude amparado por los consejeros del IFE, fraude oficialmente amparado por el gobierno, los medios, los plutócratas... y todo ese esfuerzo y esas cantidades brutales de dinero para «obtener» una ridícula ventaja de 240 000 votos. Esos son los tamaños por los que debemos medir a los ineptos panistas que pretenden gobernar a éste país.

En los primeros días después de cada elección ocurre el fenómeno llamado «besamanos» que son las presurosas felicitaciones de políticos que quieren estar en la foto, intelectualoides, deportistas y artistillos que hacen de las conexiones sociales su forma de vida y los jefes de gobierno de otros estado. De éstos últimos, por lo general, el primero en felicitar es el presidente en turno de los EEUUAA, como ocurrió esta vez. La novedad es la presurosa felicitación de Rodríguez Zapatero que actuó más como un ejecutivo que defiende los intereses de Repsol y Fenosa en México que como jefe de gobierno salido de un partido socialista. Una verdadera pena, de alguna manera, aún después de las traiciones de Felipe González a la sociedad española, yo mantenía la confianza en que Rodríguez Zapatero podría ser una persona decente. Al respecto éste artículo es de lo más esclarecedor.

No sé que vaya a pasar en los próximos meses en México, pero no van a ser tranquilos. Por un lado están los grupos que se empecinan en sostener un gobierno retrógrada, por otro lado los trasnochados priístas que aún creen tener presencia y por otro lado estamos lo que ya no aguantamos más.

Mi pronóstico es que las movilizaciones no cesarán y si los que insisten en mantener éste régimen de miserias quieren llegar hasta el final, entonces la toma de posesión del cargo de presidente se tendrá que hacer en alguna ciudad de los EEUUAA con poca presencia de mexicanos.

Por lo pronto yo me mantengo y promuevo el boycot a las empresas que financiaron la miserable campaña de miedo y desinformación en contra de AMLO: Citigroup-Banamex, Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, Femsa, Grupo Modelo, Pepsico, Coca-Cola, Herdez, Jhonson and Jhonson, Grupo Gigante, Comercial Mexicana, Comex, Kimberly Clark, Jumex, Kraft, La Costeña, Lala, Mabe, Aeroméxico, Mexicana de Aviación, Nestlé, Procter and Gamble, Sabritas, Sears, Telmex, Unilever y el Grupo Bimbo.

Me decidí a dejar el silencio que había guardado estos meses porque me gustó mucho éste artículo de Carlos Fazio y decidí que tenía que difundirlo. De hecho, simplemente iba a poner cuatro palabras y una liga al artículo, pero ya encarrerado tenía que soltar algo de toda la mala leche acumulada en estos meses de crispación contínua.

Finalmente voy a poner unas ligas a otros artículos que he leído hoy y que me parecen interesantes:

Saludos, habibis.
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Sun, 11 Jun 2006

Olhos nos olhos

En esta semana ocurrió una de esas dificiles ocasiones en las que tenemos que ver de cerca al dolor, tanto que sentimos su amargo aliento en la cara y la cercanía nos permite explorar su alma impía.

El martes murió don Manuel López Ramos, padre de unos de mis mejores amigos.
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Wed, 18 Jan 2006

Playmate In Paradise

En la tradición vacacional de hablar de naderías, hoy les contaré de la cortina que compré para el baño. Primero debo decir que la compré hace medio año aproximadamente, en color verde oscuro para que vaya bien con el mobiliario y la baldosería del baño.

Estos seis meses vivió el reposo que viven la mayoría de mis nuevas adquisiciones: son depositadas, dentro de sus empaques, por un período mínimo de tres meses en algún lugar de la casa, hasta que me decido a ponerlas. Hoy le llegó el turno a esa cortina, mañana quién sabe a qué le toque, pero tengo una silla en la sala que está por cumplir los cuatro años.

El caso es que la cortina que tenía puesta en mi baño desde que me cambié a este departamento hace ocho años, minutos más, minutos menos, estaba ya decolorada y en algunas partes lucía unas merecidas cicatrices de batalla. Había postergado el cambio, desidia aparte, porque sin abrir el empaque me parecía que las nuevas anillas eran demasiado estrechas para el tubo cortinero y hoy que hice el cambio probé que así es. Decidí usar las anteriores.

Esta nueva cortina resultó ser una fuente de frustraciones. Ya mencioné el detalle de las anillas, pero además los agujeros en donde van en la cortina no sólo no están remachados sino que no están. Y la calidad del material deja mucho qué desear.

Total que terminé haciendo los orificios con una navaja, utilicé las anillas de la anterior y el esperpento está puesto.

Si en algún momento me veo en la necesidad de envolver un cadáver reciente con algo para que no me chorree de sangre la alfombra y sacarlo subrepticiamente de la casa, ya tengo con qué.
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Mon, 16 Jan 2006

Maybe I'm Amazed

Formalmente hoy es mi primer día de vacaciones. El sábado pasado comencé a sentir el alivio de saberme libre, pero no es lo mismo. Hoy fue el primer día que salí a la calle sin el apuro de llegar a tiempo a la fatal cita con el reloj checador y eso, se agradece y me hace feliz.

Además, no preocuparme por la hora en la que he de levantarme ni acostarme, ni recordar esas malditas dos horas para comer que tanto me desquician es un alivio indescriptible.

En todos esto dias que no he escrito en el blog, han pasado muchas cosas intensas, llenas de sustancia, algunas muy desagradables y otras que me han hecho muy feliz, otras simplemente muy simpáticas, mientras que otras han sido tristes. Muchas historias esperando para ser contadas, pero no voy a escribir ninguna. Bueno, quizá alguna, pero no ahora.


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Wed, 21 Sep 2005

The Zoo Of Tranquillity - Contemplating Mortality

El largo fin de semana pasado fue el vigésimo primer aniversario de La Jornada el domingo 18 precisamente pero usualmente lo celebran el día 15, ya que el 16 es día de descanso obligatorio y no hay periódico, así que «los jornaleros» tienen un día para recuperarse. El caso es que mi amigo Mario Netzul me llamó para ver si quería ir a la cena-fiesta. No me sentía bien, probablemente por las tres horas que me tomó regresar de la Cámara a la casa, ya que nos dejaron salir a las 13.00, o quizá por la brutal cena del día anterior. En fin, que no me sentía bien y le dije que mejor le invitaba unas cervezas el sábado.

El lugar donde nos tomamos las susodichas está en la Condesa y se llama «Ruta 61 Hoochie Coochie Bar». El nombre me conflictúa mucho, porque traducido sería algo así como el «Bar de las partes pudendas de mujeres que se visten como prostitutas de la autopista 61». Por partes. Ruta obviamente está en castellano en contraste con el resto que está en inglés, pero ruta 61 obviamente se refiere a la Highway 61 o «autopista del Blues», ya que corre paralela al Mississipi desde Nueva Orleáns hasta la frontera con Canadá, pasando por Duluth, Minnesota, ciudad donde nacieron Bob Dylan y mi estimada amiga Larissa Carlson. Bar es palabra aceptada en castellano, no hay problema. Pero lo de «Hoochie Coochie» desencaja con el resto y además deja falsas esperanzas. Literalmente hoochie es un término sexista y denigratorio para describir a las mujeres que se visten de una manera sexualmente llamativa sin que necesariamente sean prostitutas. Coochie es una forma, igualmente denigrante, de referirse al órgano sexual femenino. Directamente la frase «hoochie coochie», como parte de la cultura popular, está inmortalizada en el blues «I'm your hoochie coochie man» de Willie Dixon donde explícitamente se entiende que «I'm your hoochie coochie man» significa «soy un mujeriego». Abreviando, el nombre me causa un gran conflicto porque no se si se refieren a las partes pudendas de las mujeres que viven o merodean en las cercanías de la autopista 61 o el bar de los mujeriegos que está en alguna parte de la autopista 61 o cualquiera de las demás combinaciones que se pueden dar. La mentada autopista 61 mide más de dos mil kilómetros. Sobre de ella, han de haber cientos de bares que se llaman o que se podrían llamar así y seguramente hay decenas de miles de prostitutas. Por eso me confunde tanto, a final de cuentas es la combinación de tres conceptos que nos son muy conocidos a todos los que nos consideramos bluseros (salvo por el tío de Carlos Palomino, que es blusero de profesión porque vende blusas en el mercado de la Lagunilla) pero es demasiado vago.

El caso es que cuando llegamos estaba una banda que se llama algo así como «Sammy Boy Blues Band» o «Sammy Boy y sus muchachos» ---que es un decir, porque sólo el baterista parecía tener menos de 50 años---. No es recomendable hacer una reseña de una banda cuando se llega pasada la mitad de la presentación, como en nuestro caso, pero ¡qué caray! Igual va. Como es costumbre en este tipo de sitios, aprovechan al máximo el espacio para poner el mayor número de mesas posible y terminan dejándole a la banda un espacio apenas indispensable para no caerle encima al público. En este caso, al ser un cuarteto, al menos podían moverse un poco.

Ya mencioné a un baterista, por supuesto hay un bajista y quedan dos guitarristas: Sammy y el otro. Dijeron un par de veces sus nombres, pero no los recuerdo. Los dos guitarristas se alternaban el papel de líder y de acompañante y la voz fue la de Sammy. Me parecieron buenos y con gusto los escucharía de nuevo. A su favor: tienen un repertorio amplio, saben de blues y prenden a la gente. En su contra: algo en el sonido no estaba bien. Podría ser un cable que metía ruido, un amplificador dañado o algún tipo de interferencia. Al principio pensé que era la acústica del local, pero con la siguiente banda no pasó.

La siguiente banda: «La vieja estación». Un grupo de chavos argentinos, muy bien acoplados, roles muy bien definidos y con buen sonido. Desde el principio es claro que hay disciplina y pasión en el grupo. Son un baterista (el único «añejo» en el grupo), un bajista (muy efectivo), un pianista excelente y dos guitarristas, en la clásica conformación con uno en el rol de primera voz y guitarra acompañante y el otro en la guitarra líder. En algunas piezas los acompañó el «Pelusa» en la armónica y me parece que demasiado bien para no ser un miembro de tiempo completo de la banda, pero esto no lo aclararon e igual y lo es, entre copa y copa. En otras piezas la banda acompañó a una cantante, Malena Rouge, motivo por el que fuimos a este lugar. Mario me dijo «tienes que oír a esta chava, canta con mucha intensidad» y en efecto, creo que lo mejor de la noche fue oírla, tiene una voz estupenda para el blues y una disposición impresionante. También cabe aclarar que Malena es mesera en el bar y es una mujer bajita y menuda mientras se mueve entre las mesas, pero cuando canta parece medir tres metros y pesar doscientas arrobas.

Como decía unas líneas más arriba, el escenario es muy pequeño y ya con siete gentes arriba, siendo una de ellas un huracán, se nota una cierta incomodidad dado que el pianista, el baterista y el bajista (y el «Pelusa», que no ocupa poco espacio) están arrinconados para dejar un poco de libertad a los guitarristas y la cantante.

Van unas fotos cortesía de Mario (que anda presumiendo una cámara nueva que esta padrísima):

Muy buena la presentación y el público prendidísimo. Las únicas dos cosas que les podría reprochar a los de «La vieja estación» es que no toquen material propio y que cuando están sin «Pelusa» o Malena, no tienen identidad. Hacen muy bien los covers, pero cuando quiero oír a los Allman Brothers pongo un disco de ellos, no iría a un bar a oír a una banda hacer una versión fiel.

Es cuanto señor presidente.

PD. En la Cámara ya inició el período de sesiones y ahora los deliciosos pastelillos de la cafetería se terminan temprano. Malditos sean los diputados y sus asesores.
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Tue, 16 Aug 2005

Careful with that axe, Eugene

La semana pasada tuve gripa, bueno aún la tengo pero no tan fuerte. El viernes no fui a trabajar por que me quedé dormido y como me descuentan el día si llego después de las 9.30, pues me dió igual: día no pagado, día no trabajado. Me quedé dormido, porque buena parte de la noche me la pasé tosiendo, sonándome y cuestionándome si los Pumas volverán a ganar un campeonato.

En fin, aproveché que no fui a trabajar para ir a la facultad a firmar no sé qué contrato y luego a pagar el teléfono. Cuando regresé a la casa me volví a meter en la cama, leí un buen rato y dormí el resto. Ya en la noche ví una peliculilla, Bullets over Broadway y me acosté temprano.

El sábado amanecí un poco mejor, pero por precaución me quedé toda la mañana en la cama leyendo. A continuación describiré los síntomas porque son interesantes. Para empezar, tenía la garganta como cerrada y muy seca, me dolía igual pasar líquidos que sólidos. Apenas comí en esos días, pero procuré tomar muchos líquidos. En las narices tenía la sensación esa como cuando meto un alambre de púas por una nasa y la saco por la otra y comienzo a moverlo oscilatoriamente de un lado al otro. No sé porqué sigo haciendo eso, ya no es divertido. En los oídos, es como cuando apoyo un clavo contra la pared y la punta la meto en el oído y empujo la cabeza contra la pared mientras canto «Lilí Marlen». En las articulaciones es esto del estiramiento en el potro sin la emoción y picarezca de los latigazos con suplicios. Creo que ya he dado suficientes indicios de cómo me sentía.

El caso es que el sábado estaba yo dedicado por completo al dulce facer niente cuando se me ocurrió llamar a Fabiola para ver si quería ir al cine. Prendí el celular para buscar su teléfono y ahí estaba, un recado de Luis Felipe Figueroa, un amigo de «mushos» años. Que era el cumpleaños del «Gato» (Salvador Medina Morán) y que habría una pequeña reunión o souree a unas cuantas cuadras de mi casa.

Me fui lo más rápido posible, porque habían citado a las 16.00 y ya eran las ocho pasadas. Estaban mis más viejos amigos, es decir, mis amigos de más tiempo: los hermanos Enrique y Fernando Moncada Cooley, Tomás Jóven, Tino Gutiérrez y el antes mencionado Luis Felipe. Departimos, bebimos, comimos (bueno, ellos, porque yo seguía con la garganta cerrada), cantamos canciones y jugamos charadas hasta que nos dijeron que el congal ya iba a cerrar y nos fuimos unos cuantos a casa del buen Tomás, el hombre que ha sobrevivido a dieciocho sobrinos.

Ya en la intimidad de unos cuantos, charlamos sobre esas cosas que en público nadie menciona, como el sabor favorito de yogúr y cuantas veces al día decimos «peculiar». Cosas que quizá debería de callar, pero de eso se tratan los Blogs, de soltar toda la sopa de lo que uno piensa y siente. El mío es el de limón, pero como raras veces lo encuentro, consumo el de durazno. Hoy sólo he dicho peculiar una vez, bueno dos.

Decía yo que en la intimidad y calor que siempre nos ha dado la casa de Tomás, departimos de cosas más interesantes. Salvador me habló de su renovado interés por la egiptología, lo cual me parece estupendo. Con Tomás hablé poco, apenas en el trayecto hasta su casa, sobre su trabajo y de cómo y cuánto yo odio el mío. Luego, como siempre, de cine y música.

Enrique me reclamó que haya escrito en éstas páginas que no me gusta la ciencia ficción, ya que el sabe perfectamente que uno de mis autores favoritos es Fredric Brown y que «El ratón estelar» es uno de los libros que más atesoro. Pero eso es otra historia y en otro momento lo contaré. Sólo adelantaré que a Brown lo pongo en la categoría de los autores de ficción, genero que es mi favorito, junto con Borges y Vian. (Señor Fox, si usted lee esto, sepa que mi Borges es su «José Luis Borgues».)

Fernando nos habló largo y tendido de sus inquietudes con respecto a las hijas de su primer matrimonio. Bueno, en realidad todo de lo que nos habló tenía que ver con su decisión a irse a vivir a Toronto, donde ya está otro de los hermanos Moncada, Sergio.

Fue una velada encantadora y como cada vez que los veo, al final me quedó esa sensación que los diccionarios describen como bonhomía.
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Mon, 01 Aug 2005

Dancing barefoot

En mi no tan nuevo trabajo, al principio me pagaban con un cheque de Bancomer, ningún problema con esto, de hecho me agrada la idea y espero que al final de esta nota termine convenciendo a más de uno de mis motivos.

Decía que me pagaban con cheque y que me agrada. Al menos hasta la última quincena, es decir el viernes pasado, me dieron un cheque y espero que permanezca así, aún en contra de la circular del 20 de julio en la que le informan a los coordinadores administrativos de que ya no será así y que todos los empleados de la Cámara de Diputados deberán de cobrar por banca electrónica.

Varios nos inconformamos y desconozco las razones de todos los demás, pero expondré las de Casimiro, Luis y las mías. En primer lugar, nos molesta que de manera pontífica se nos obligue a tener cuenta en un banco determinado, sin dejar de lado que personalmente considero inmoral a todo el sistema bancario y sería muy felíz si pudiese evitar tener una cuenta bancaria y una tarjeta de crédito. En segundo lugar, los bancos cobran por cuanto concepto pueden y las cuentas de «nómina electrónica» tan inocentemente disfrazadas de libres de cargos tienen los siguientes cargos escondidos: los bajos intereses (o en ocasiones inexistentes) que pagan son una pérdida directa en relación con una cuenta de ahorros normalita, cobran por disposiciones y consultas de saldos después de un cierto número que nos «obsequian», y el hecho de que no permiten que los retiros en cajeros automáticos, que es precisamente el medio natural para este tipo de cuentas, sean mayores a una determinada cantidad diaria es en sí una garantía de permanencia de capital en sus cuentas que les permiten hacer jugosos negocios financieros a cuenta de las cientos de miles de cuentas de pequeños clientes. Por supuesto que se puede retirar una cantidad mayor en una sucursal, pero por supuesto que esto tiene un cargo adicional.

El tercer motivo es que el banco que nos pretenden imponer, Bancomer, tiene muy pocos cajeros y además con frecuencia no tienen dinero.

Por último, el riesgo de ser asaltado en un cajero es muy alto y los fraudes con este tipo de tarjetas son cada vez más frecuentes.

Ahora vamos por la parte práctica. Relataré someramente mi experiencia del sábado pasado. Muy en contra de mi costumbre me levanté temprano (en sábado ¡por Almergín!) y me fui a Perisur porque iba a hacer uso de tres bancos: cambiar el cheque en Bancomer, depositar en HSBC y pagar la tarjeta de crédito en Santander. Se que dirán «el tipo que acaba de echar pestes del sistema bancario, no va a uno sino a tres en el mismo día.» «Está majareta perdido» dirán unos. «Es un hipócrita» dirán otros. «Págueme señor Magariños» dirá mi casero. «Pese a todo lo quiero como a un hijo» dirá mi madre.

El caso es que allá voy armado tan solo con un libro dispuesto a pasar varias horas formado. Mis peores cálculos resultaron ser los optimistas. La fila en Bancomer era como para regresarse de inmediato a la cama. Pero fui paciente y leí unas veinte páginas. Un detalle curioso es que había dos hileras, la clientes del banco y la de «usuarios», eufemismo por «indeseables que aún no son nuestros esclavos vía una cuenta». Bueno, pues lo curioso es que la de clientes era más larga que la de usuarios, o sea que en caso de haber cedido a tener una cuenta con ellos, mi espera habría sido aún mayor.

Cambio el cheque por una cantidad entera (no muy grande, pero no pienso poner mi salario en el WEB) con 69 en la parte fraccionaria. Es decir, 69 centavitos o dos terceras partes de un peso. Pues cuando me dieron lo correspondiente a la cifra indicada en el cheque, ni soñar con el famoso «redondeo», que en este caso sería a mi favor con lo que el banco me daría un centavo, no, nada de eso, no solo hubo rendodeo a mi favor, sino que tampoco hubo 69 centavos.

Por mucho que odie a los bancos no me detendría a reclamar una cantidad así, no por ellos sino por respeto a todas las personas que estaban detrás de mí en la fila. Sin embargo, me reservo y ejerzo el legítimo derecho a desear que esa pequeña cantidad, esas moneditas sean puestas a resguardo por las progenitoras de los ejecutivos más altos del banco en un lugar específico de su anatomía, el cual no habré de mencionar, pero que todos saben que es un lugar donde difícilmente llega el Sol.

Con el «efectivo» (tanto como lo pueda ser) en la bolsa del pantalón me voy al siguiente banco, el HSBC. Cuando lo elegí como mi banco fue por lo que el Puppy define como «chiquito y ratonero», un banco pequeño, con pocos clientes y con la ventaja de que tiene sucursales por todos lados. Pero mi elección es de cuando se llamaba Bital y tenía una sucursal a tiro de piedra de todos los lugares que acostumbro. Los lugares a los que acostumbro ir, no los lugares a los aocstumbre tirar piedras. No es que acostumbre tirar piedras, que no se entienda eso. Tampoco es que no tire piedras, de vez en cuando alguna tiraré, que se siente muy bien, pero no me gustaría que me clasificaran como «mira, ahí va ese que tira piedras» ni que me llamen «el "tira piedras" de San Ángel». O sea que en mis días alguna piedra habré tirado y probablemente aún me quedan algunas por tirar, pero espero que no me recuerden por eso. Al menos no solo por eso. Espero que me recuerden por haber tirado otras cosas, como botellas de cerveza en la carretera, colillas de cigarrilos en las alfombras de casa mis amigos, mi vida por el caño, etc.

Bueno, aclarado el punto, continúo. En HSBC también siguen el popular método de tener una fila para los clientes y otra para los «indeseables», pero a diferencia de en Bancomer, la de clientes es menor. Aquí el tiempo de espera fue de apenas tres páginas. A cambio de la rapidez, me llevé un susto. Cuando me dió el recibo de la transacción, vi primero que el depósito registrado era por una cantidad menor (siempre reviso que el depósito sea a mi cuenta y por la cantidad correcta) y le dirigí una mirada asesina al cajero, tan asesina que se apuró a decirme que un poco más abajo estaba la cancelación de la transacción y un poco más aún la transacción correcta. Con todo pasé directo al cajero a confirmar el saldo. Todo bien.

Siguiente estación: Banco Santander. Una sola fila, me parece estupendo, tampoco me agrada que se nos clasifique por el emblema del banco que nos explota. A los ojos del sistema bancario, todos deberíamos de ser iguales y no como en Bancomer que destinan más cajeros a los clientes (y aún así la fila era mayor). Tiempo de espera, unas cuatro paginillas. Me suena a que no es tan mal banco y justo cruzando la calle donde vivo hay una sucursal.

Muy bien, ahora sí va la explicación de por qué pasé por todo ese martirio innecesario con una sonrisa en la boca cuando bien podría haber depositado el cheque en mi cuenta en una sucursal pequeñita y más rápida y haber pagado allí mismo la tarjeta de crédito (sí, ya se puede pagar la tarjeta de cualquier banco en cualquier otro). Pensarán que es porque me quería ahorrar esos dos días (cuatro por ser fin de semana) de espera en lo que «pasa» el cheque y para ganar unos centavitos mas de intereses. No, rotundamente no. La verdadera razón es que lo hago por insurgencia.

A los bancos les salen muy caras las transacciones en ventanilla: renta de un local (energía eléctrica y demás incluidos), salario de los cajeros, papelería, trasladar el dinero, vigilancia, etc. Entonces cuando he de usar un sólo banco, voy a la sucursal más pequeña para inflar las estadísticas de uso de esa sucursal y que no la desaparezcan y cuando he de usar varias, pues voy a un centro comercial, porque además de la comodidad de que estén las sucursales juntas, también hay que inflarles las estadísticas de las sucursales más caras en términos de renta. La segunda razón es que a nadie, salvo a los bancos, le conviene que se pierdan más empleos: los de los cajeros, los mensajeros que mueven papelería, etc. Por que a mayor desempleo, mayor competencia laboral, menor oferta, y toda una cadenita de desventajas que cierran con el broche de oro: mayor violencia en los asaltos.

Respecto al último punto, aún cuando los dos bancos entre los que moví la mayor cantidad de dinero están prácticamente «puerta con puerta», el riesgo a un asalto no deja de existir. Incluso después de depositar el dinero, si te han seguido, saben que al menos tienes la cantidad que acabas de depositar en la cuenta con altas posibilidades de que sea mucho más. Entonces te conviertes en una presa atractiva. Mi solución es mantenerme el mayor tiempo posible en movimiento entre tiendas grandes: ir a «revistear» al Sanborn's, ver los objetos de cocina en Liverpool y Palacio de Hierro, las guitarras y pedales de efectos en Casa Verkkam y Sala Chopin, las pipas en la tabaquería, los libros en el Parnaso, los DVD y CD en Mix-Up, los «gadgets» en Radio Shack, etc. Si te van a asaltar que lo hagan mareados y que se lleven la buena impresión de que eres una persona educada y de gustos refinados, que te vean probando una Gibson y no una vulgar Yamaha, preguntando por los discos de Terry Riley y no revisando los discos con descuento de música norteña, escudriñando la sección de cine de arte y no preguntando si ya les llegó «Dos rubias con pelo en pecho». Bueno, ese es mi consejo.

Me falta poco para llegar a los diez kilobytes, y para completarlos escribiré un poco sobre el libro que estoy leyendo: «Buenos días, pereza. Estrategias para sobrevivir en el trabajo.» de Corinne Maier. En primer lugar debo aclarar que llevo casi un mes «checando» tarjeta de las nueve de la mañana a las siete de la tarde. Diez horas he de pasar en la Cámara, con la libertad de salir dos horas a comer. ¡Dos horas! Demasiado tiempo para comer, muy poco para ir al cine, pero de todas maneras, ni lo uno ni lo otro en las inhóspitas tierras que rodean a la Cámara. Así es, ni un lugar donde pueda comer decentemente, ni un cine pasable al que pueda ir, así que me quedo a comer en mi escritorio. Diez malditas y miserables horas. Y el mal trago de tener que moverme en la mañana por el pesado tránsito de los que también se apuran por llegar a su oficina porque «checan» tarjeta. Y el más aún amargo trago de salir junto con la horda de oficinistas descontentos con urgencia, como la mía, por llegar a su hogar y olvidarse de lo desagradable que es estar en una oficina. Tan desagradable que mejor lo continúo mañana.

Saludos, habibis.
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Tue, 19 Jul 2005

There's a heartache following
Es complicado vivir solo y tener un trabajo de tiempo completo fuera de casa. El viernes pasado llegó el recibo por el consumo de energía eléctrica. Es asunto de otra historia el porqué llego por una cantidad desorbitante y también porque llegó cuatro días después de haberse vencido, lo importante es que ya no lo podía pagar en el banco y tendría que ir a pagarlo a las oficinas de la sucursal.

No pude ir antes de hoy, por razones que no vienen al caso. Sólo diré que luego de preparar toda la logística llegué a la conclusión de que mi única posibilidad era llegar a las 7.30 esperando ser de los primeros antendidos para poder salir con rumbo a la cámara antes de las 8.15.

Cuando iba caminando hacia la sucursal, pasó corriendo a mi lado un perro muy joven y muy sucio, de estos con el pelo un poco largo. Llevaba un pedazo de pan en el hocico y pensé que aquello de que «a todo perro le llega su hueso» en este caso se había quedado en un mísero pan humedo, pero el cancillo iba más que felíz.

Cuando llegué a la sucursal me sorprendí porque ya habían varias personas esperando a que abriese. Mi teoría de que a las 7.30 no iba a haber nadie y sería el primero en entrar se derrumbó. Durante la media hora que esperé afuera, mientras leía fragmentos de «Buenos días, pereza» de Corinne Maier, conté varias veces las personas antes de mí: 32. Calculé varias veces el tiempo que me tomaría llegar a la ventanilla: «si cada minuto atienden a dos personas, quince minutos. Demasiado optimista, una persona a lo mucho. Media hora, no llegaré a tiempo al trabajo ni de broma.»

Seguía leyendo y seguía pensando en lo terrible de la situación, pero no tenía remedio, peor sería que me cortaran el suministro eléctrico.

A las ocho en punto abrieron las puertas y entramos respetando la cola. De inmediato saqué el dinero y comencé a contarlo para ver de pagar la cantidad exacta y estar el menor tiempo posible: 3 819 pesos. Justo terminaba de contarlo y alguien anunció: «los que tengan el importe exacto por favor pasen directamente a la ventanilla porque no tenemos cambio.» Pagué el tercero. Salí en menos de diez minutos.

Regresé casi corriendo a la casa, tomé el auto y salí a tiempo rumbo al trabajo, pensando en la buena suerte que había tenido.

Como todos los días desde que están construyendo el segundo piso, salgo de la casa rumbo al sur sobre avenida Revolución, doy vuelta a la derecha pasando el mercado Melchor Múzquiz, tomo la primera calle a la izquierda, de frente hasta llegar a Loreto, de nuevo a la izquierda, espero el semáforo y de nuevo a la izquierda para retomar Revolución hacia el norte. Todo va bien.

Poco más adelante de mi casa reconocí un bultito en la calle: el joven perro y su pedazo de pan, destrozados.

Ninguna prisa vale tanto dolor.
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