| Paginas pasadas de La Mancha de la Calabaza que Ladra | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Números atrasados
Suscripción a RSS desta página
Saborines
Links
This is the day you shall always remember as the day that you almost caught Mancha. |
martes, 19 julio 2005
There's a heartache following
No pude ir antes de hoy, por razones que no vienen al caso. Sólo diré que luego de preparar toda la logística llegué a la conclusión de que mi única posibilidad era llegar a las 7.30 esperando ser de los primeros antendidos para poder salir con rumbo a la cámara antes de las 8.15. Cuando iba caminando hacia la sucursal, pasó corriendo a mi lado un perro muy joven y muy sucio, de estos con el pelo un poco largo. Llevaba un pedazo de pan en el hocico y pensé que aquello de que «a todo perro le llega su hueso» en este caso se había quedado en un mísero pan humedo, pero el cancillo iba más que felíz. Cuando llegué a la sucursal me sorprendí porque ya habían varias personas esperando a que abriese. Mi teoría de que a las 7.30 no iba a haber nadie y sería el primero en entrar se derrumbó. Durante la media hora que esperé afuera, mientras leía fragmentos de «Buenos días, pereza» de Corinne Maier, conté varias veces las personas antes de mí: 32. Calculé varias veces el tiempo que me tomaría llegar a la ventanilla: «si cada minuto atienden a dos personas, quince minutos. Demasiado optimista, una persona a lo mucho. Media hora, no llegaré a tiempo al trabajo ni de broma.» Seguía leyendo y seguía pensando en lo terrible de la situación, pero no tenía remedio, peor sería que me cortaran el suministro eléctrico. A las ocho en punto abrieron las puertas y entramos respetando la cola. De inmediato saqué el dinero y comencé a contarlo para ver de pagar la cantidad exacta y estar el menor tiempo posible: 3 819 pesos. Justo terminaba de contarlo y alguien anunció: «los que tengan el importe exacto por favor pasen directamente a la ventanilla porque no tenemos cambio.» Pagué el tercero. Salí en menos de diez minutos. Regresé casi corriendo a la casa, tomé el auto y salí a tiempo rumbo al trabajo, pensando en la buena suerte que había tenido. Como todos los días desde que están construyendo el segundo piso, salgo de la casa rumbo al sur sobre avenida Revolución, doy vuelta a la derecha pasando el mercado Melchor Múzquiz, tomo la primera calle a la izquierda, de frente hasta llegar a Loreto, de nuevo a la izquierda, espero el semáforo y de nuevo a la izquierda para retomar Revolución hacia el norte. Todo va bien. Poco más adelante de mi casa reconocí un bultito en la calle: el joven perro y su pedazo de pan, destrozados. Ninguna prisa vale tanto dolor.
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||