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Dequesetrata
Paginas pasadas de La Mancha de la Calabaza que Ladra. Paridas e insulsas historias en la inútil vida de La Mancha de la Calabaza que Ladra.
El Emilio de La Mancha
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Si, ya sé, son espantérrimas, pero hasta que no me quite la
desidia no veré como hacer otras más atractivas.
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leer todos los días:
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Barrapunto
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You Are 64% Evil
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You are very evil. And you're too evil to care.
Those who love you probably also fear you. A lot.
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Veggie Pizza
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Upscale and trendy.
You're the most likely to go for a gourmet pizza.
You have impeccable taste in everything.
You truly enjoy the finer things in life.
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The Illinois Enema Bandit
Tener un testaferro es tan cómodo como tener un grano en ese lugar donde nunca da el
sol. Para poder cobrar un trabajo tuve que recurrir a la bondad de un amigo que me
prestó un recibo gracias a las disposiciones de la SHCP que tanto nos gustan. La
logística que implica pedir el contrato, ir a su trabajo a que lo firme, regresarlo,
pedirle que vaya a por el cheque, llevarse un golpe en las narices, porque «hoy no vino
Sutanita que es la que tiene los cheques» y regresar con un poder amplio para poder
sacarlo, llevarle el cheque para que lo cambie y finalmente tener el dinero en las
manos, me ha consumido más tiempo del que quiero pensar. Pero finalmente, si todo va
bien, mañana podré tener ese dinero.
«Puedes huir, pero no puedes esconderte.» Eso es lo que deberían de avisarles
a los políticos que creen que pueden quedar impunes. Díaz Ordaz bien pudo avisarles a
todos que no hay lugar seguro. Un millón de gracias a todos aquellos que nunca
desistieron en pintar de rojo la embajada de México en Madrid y que no se cansaron de
gritarle y arrojarle objetos diversos a la entrada y salida de su casa.
En otro orden de ideas, el maldito «yo te llamo el próximo año» es, a final de
cuentas, más doloroso que el «déjame en paz hijo de perra o llamaré a la policia». Por
alguna razón hay gente que no es capaz de decir directamente «gracias, pero no puedo» o
«es que no debería» o simple y llanamente «no creo que sea posible». Todos se evitan
problemas con una respuesta directa.
A veces el dolor se esconde agazapado entre las fundas del sueño. Espera ese momento
de debilidad y en los linderos de la indefensión ataca con sanguinolentas
quijadas. Nadie está a salvo. Parafraseando a Borges:
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Es el dolor. Tendre que ocultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. ¿De qué me
serviran mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga erudicción,
el aprendizaje de las palabras que usó el aspero Norte para cantar a sus
mares y sus espadas, la serena amistad, las galerias de la Biblioteca, las
cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de
mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la
voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la
sombra no ha traido la paz.
Es, ya lo se, el dolor: la ansiedad y el alivio de oir tu voz, la espera
y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el dolor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejercitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo. |
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