Paginas pasadas de La Mancha de la Calabaza que Ladra
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Paginas pasadas de La Mancha de la Calabaza que Ladra.
Paridas e insulsas historias en la inútil vida de La Mancha de la Calabaza que Ladra.

El Emilio de La Mancha
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    martes, 21 diciembre 2004

    Way of life

    Maldito frio. Por lo general la habitación en la que trabajo es demasiado caliente, todas esas máquinas prendidas todo el día. Hoy fue insoportable el frio. Lo más desagradable del asunto es que, como en México normalmente no hace frio, uno no está preparado para estas situaciones. Ni las casas tampoco. Es así que no tengo ropa cómoda ni mi casa está aislada y no tengo ni la menor idea de cómo poder teclear con los guantes puestos. Tampoco se cómo dejar de lado la noción contínua de que tengo frio. No puedo pensar en otra cosa ni concetrarme en el trabajo.

    Hoy es otro de esos días en los que no se de que hablar y suelto una perorata sobre lo primero que se me ocurre.

    Voy a tratar de contenerme y mejor escribir sobre lo que hice hoy. Estuve todo el día trabajando en la tipografía de un problemario de teoría electromagnética. Por lo general cuando formo un libro leo el contenido y medito sobre él. Pero no siempre. En particular este es el segundo caso en el que no lo hago. La primera vez fue con el libro de mecánica cuántica que terminé hace un año. No niego que podría aprender mucho de este, porque es un libro que se puede leer con las someras nociones de física con las que sale uno de la prepa, pero me parece tan árido el tema y quiero terminarlo lo más rápido posible.

    A parte de eso, no hice otra cosa en el día. Trabajar, tomar café y luego tomar té (por supuesto, orinar varias veces). No comí, y a las diez me dió hambre. Ayer cocí patatas, espinacas, brocoli, ejotes y chícharos. Hoy los calenté en la sartén con aceite de oliva y freí unas enchiladas potosinas y ¡guáuuu! Que deliciosa mezcla.

    Pues bueno, hoy tampoco estoy con ganas de escribir. Es la presión de cumplir con el compromiso de hacerlo diario lo que me empuja. Pero ya no se qué más decir y el frio me está haciendo considerar que le dé de comer a la cama y leer un par de horas hasta que me dé sueño. Definitivamente eso es lo que haré.

    Como premio de consuelo dejo unas fotos.


    Pensando y echando humo.

    El retorno del hijo de «pensando y echando humo».

    Igmaél Olea y el de la voz, cantando por dinero ante un nutrido grupo de turistas en Teotihuacán. (Foto: cortesía de Max de Mendizábal).

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    lunes, 20 diciembre 2004

    Total Trash

    LLevaba un par de meses sin vaciar las fotos de la cámara. Hoy lo hice y seleccioné algunas. La de Alexander se me coló, pero aún creo que tiene un estupendo ambiente de trabajo. Las pongo así, tal cual, con un pie minimalista. Sin aclarar que a Sandino en los últimos dos años sólo lo veo en congresos (Villahermosa, Veracrúz, Ciudad de México), ni que Max se quedó dormido en una plática de Mono, en el Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, ni por qué le digo «Maestro Mangiacaprinni» a mi amigo Arturo, ni por qué mi amiga Karla se iba pintando en el auto. Que va, todo natural. Es más, tampoco voy a explicar por qué llevo dos días escuchando exclusivamente a Sonic Youth.


    Santiago, mi joven sobrino

    Alexander Kouznetsov

    La oreja llena de pelos de mi amigo Sandino Araico

    Max de Mendizábal, dormido en una plática

    El retorno de Max de Mendizábal, dormido en una plática

    Arturo Pérez Rangel, el Maestro Mangiacaprinni

    Palomas...

    OK, de nuevo mi joven sobrino Santiago

    Mi amiga Karla, maquillándose en el auto

    Una instantánea de menda, aspirando tabaco en lo que lee noticias

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    Little Wing

    «¿No debería decir lo que se siente llevar meses sin trabajo haciendo pequeñas chambitas? ¿Lo pesada que es la decisión de vivir solo? ¿La extenuante carga de vivir bajo principios?»

    Vamos por partes. Tres preguntas difíciles y extenuantes. ¿Cuál debería de satisfacer primero? Algo me impulsa a que sea la segunda. Pero me es la más difícil en estos días. Tomaré la primera, porque el orden en que las hice fue espontáneo y quizá es cierto que no hay casualidades.

    Dan lo mismo los motivos que me hayan llevado a no tener trabajo estos meses, sólo cuenta el resultado. A final de cuentas no importa lo que digan, el trabajo es únicamente el medio. El fin es vivir feliz. Eso es todo lo que cuenta. Lo demás son baratijas que aparecen y desaparecen.

    Debo de explicarme más en éste punto. No creo en absoluto en toda esa alegoría utilitaria de que el trabajo es lo más importante y que no hay nada como la satisfacción del trabajo cumplido. No es más que una gran mentira inculcada para hacernos sentir satisfechos con un sueldo miserable por un trabajo desagradable. Claro que hay gente que encuentra satisfacción en su trabajo y oficios que son intrínsecamente placenteros, pero son las excepciones en una estructura social donde unos cuantos viven a costa de la esclavitud asalariada de la mayoría. Hay una gama muy amplia de tonalidades en ese escalafón, pero al final es como el gallinero donde las gallinas de arriba se cagan en las de abajo.

    La fantasía de que el trabajo bien hecho es un fin en sí, y por tanto una recompensa más importante que un salario justo, es tan faláz como que la recompensa a una vida de sacrificios es otra vida de felicidad. Nada tan conveniente como engañar y convencer a otros de que trabajen para tí, de que respeten las reglas que los convierten en tus esclavos, de que compren lo que vendes, aunque no lo necesiten. Finalmente, de que peleen las guerras que te convienen.

    El punto entonces es ¿vale la pena el trago amargo de un trabajo desagradable a cambio de la efímera satisfacción de ese auto nuevo velóz y flamante? A final de cuentas, ese auto sólo sirve para llevarte al trabajo y te envuelve en una espiral de dependencias de la que deberías estar huyendo en primer lugar.

    Aún no respondo la pregunta y la evito como meter la mano al fuego. Hoy tampoco será satisfecho el reto.

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    domingo, 12 diciembre 2004

    Dirty Blvd
    Acompañé a mi hermano y a su esposa a uno de estos sitios llamados outlets que bien podrían llamarse «Templos del consumo». Está en la carretera a Toluca, cerca de Lerma. La primera impresión fue, tal cual, «esto es como un Izazaga, pero para gente que le gusta ir lejos». Mi único interés era comprarme un pantalón porque de nuevo estoy bajando de peso y los últimos que compré ya me quedan flotando.

    La intención de mi hermano y su esposa era la de comprarle ropa al niño porque está creciendo muy rápido. Mi hermano compró dos pantalones y una camisa. Mi cuñada una falda, una blusa, un poncho, unos pantalones, tres pares de zapatos y algunas cosas más que no registré. A Santiaguito, mi sobrino, le compraron una playera. Eso sí, visitamos todas las tiendas de ropa para infantes. Destacó una que tenía ropa particularmente bonita para niñas y así de cara, también.

    Todo el tiempo que estuvimos allí, que no fue poco, me la pasé observando a la gente. La mayoría son, como los describe mi amiga Karla, «guanabís». A casi todos se les veía cara de I wanna be shopin' in San Antonio o I wanna be blond and thin y definitivamente I wanna be rich. Ésto último lo digo porque a muy pocos se les veía cargados de bolsas, a muchos con unas poquitas y a otros tantos con ninguna y no creo que la gente vaya allí por la comida, que es la oferta estándar para este tipo de centros comerciales, ni por los cines, porque la mayoría de las matrículas en los autos eran del D.F. y pasan las mimas películas que en cualquier cadena de cines de la ciudad.

    En uno de los pasillos, justo frente al infalible Mixup, unos carromatos con libros. Por lo que ví, los jóvenes que los atienden han recibido la dosis de indiferencia para toda una vida.

    En fin, me pareció muy triste toda la situación. Pero hay otra cosa que me tiene afligido. Ayer en la noche vi a mi amigo Daniel Kornhauser y me comentó que a veces lee éste blog. Le pregunté que le habían parecido algunas entradas, de las que me siento orgulloso, y resulta que no las ha leído. Ya sé que escribo muchas tonterías y que la mayoría de las veces, como hoy, escribo por rellenar pero pensé que al menos era ameno y que algunas entradas tendrían mérito.

    Lo anterior me llevó a releer todo lo que he escrito y la conclusión más importante es que no me la juego como debería. Que debo de escribir más lo que pienso y menos lo que veo. Dejar de ser el espectador que transcribe y más el observador que analiza. Eso debe de tener más interés para la gente que saber que hoy me compré un par de pantalones.

    Una observación menor acerca del asunto, pero no menos inquietante, es que con bloxsom no encontré manera de leer las entradas más viejas. La culpa también es mía porque cuando decidí usarlo fue porque es un script en Perl al que se le puede meter mano fácilmente y reconfigurarlo hasta donde se le antoje a uno. Algo tengo que hacer al respecto.

    Regresando al punto, es poco honesto lo que estoy haciendo. En una de las primeras entradas comentaba que esto de los blogs es como una ventana al interior de las personas y en la mía hay una espesa cortina a la que a veces entreabro. ¿No debería decir lo que se siente llevar meses sin trabajo haciendo pequeñas chambitas? ¿Lo pesada que es la decisión de vivir solo? ¿La extenuante carga de vivir bajo principios?

    Poco a poco lo iré escribiendo.

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    miércoles, 08 diciembre 2004

    Music for 18 musiacians
    Un oso, una x y un reloj. Son recuerdos desperdigados sobre un campo de ignominia. El oso y la equis se confunden cuando se les ve a la suficiente distancia. Es un sentimiento marchito. A veces, también, los ángeles juegan con el pecado y las simétricas porfias del arte.

    Je voudrais pas crever

    Je voudrais pas crever
    Avant d'avoir connu
    Les chiens noirs du Mexique
    Qui dorment sans rêver
    Les singes à cul nu
    Dévoreurs de tropiques
    Les araigné d'argent
    Au nid truffé de bulles
    Je voudrais pas crever
    Sans savoir si la lune
    Sous son faux air de thune
    A un côté pointu
    Si le soleil est froid
    Si les quatres saisons
    Ne sont vraimment que quatre
    Sans avoir essayé
    De porter une robe
    Sur les grands boulevards
    Sans avoir regardé
    Dans un regard d'égout
    Sans avoir mis mon zobe
    Dans des coinstots bizarres
    Je voudrais pas finir
    Sans connaître la lèpre
    Ou les sept maladies
    Qu'on attrape là-bas
    Le bon ni le mauvais
    Ne me feraient de peine
    Si si si je savais
    Que j'en aurais l'etrenne
    Et il y a z aussi
    Tout ce que je connais
    Tout ce que j'apprécie
    Que je sais qui me plaît
    Le fond vert de la mer
    Où valsent les brins d'algue
    Sur le sable ondulé
    L'herbe grillée de juin
    La terre qui craquelle
    L'odeur des connifères
    Et les baisers de celle
    Que ceci que cela
    La belle que voilà
    Mon Ourson, l'Ursula
    Je voudrais pas crever
    Avant d'avoir usé
    Sa bouche avec ma bouche
    Son corps avec mes mains
    Le reste avec mes yeux
    J'en dis pas plus faut bien
    Rester révérencieux
    Je voudrais pas mourir
    Sans qu'on ait inventé
    Les roses éternelles
    La journées de deux heures
    La mer à la montagne
    La montagne à la mer
    La fin de la douleur
    Les journaux en couleur
    Tous les enfants contents
    Et tant de trucs encore
    Qui dorment dans les crânes
    Des géniaux ingénieurs
    Des jardiniers joviaux
    Des soucieus socialistes
    Des urbains urbanistes
    Et des pensifs penseurs
    Tant de choses à voir
    A voir et à z-entendre
    Tant de temps à attendre
    A chercher dans le noir

    Et moi je vois la fin
    Qui grouille et qui s'amène
    Avec sa gueule moche
    Et qui m'ouvre ses bras
    De grenouille bancroche

    Je voudrais pas crever
    Non monsieur non madame
    Avant d'avoir taté
    Le goût qui me tourmente
    Le goût qu'est le plus fort
    Je voudrais pas crever
    Avant d'avoir goûté
    La saveur de la mort...
     Boris Vian

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    martes, 07 diciembre 2004

    The Illinois Enema Bandit

    Tener un testaferro es tan cómodo como tener un grano en ese lugar donde nunca da el sol. Para poder cobrar un trabajo tuve que recurrir a la bondad de un amigo que me prestó un recibo gracias a las disposiciones de la SHCP que tanto nos gustan. La logística que implica pedir el contrato, ir a su trabajo a que lo firme, regresarlo, pedirle que vaya a por el cheque, llevarse un golpe en las narices, porque «hoy no vino Sutanita que es la que tiene los cheques» y regresar con un poder amplio para poder sacarlo, llevarle el cheque para que lo cambie y finalmente tener el dinero en las manos, me ha consumido más tiempo del que quiero pensar. Pero finalmente, si todo va bien, mañana podré tener ese dinero.

    «Puedes huir, pero no puedes esconderte.» Eso es lo que deberían de avisarles a los políticos que creen que pueden quedar impunes. Díaz Ordaz bien pudo avisarles a todos que no hay lugar seguro. Un millón de gracias a todos aquellos que nunca desistieron en pintar de rojo la embajada de México en Madrid y que no se cansaron de gritarle y arrojarle objetos diversos a la entrada y salida de su casa.

    En otro orden de ideas, el maldito «yo te llamo el próximo año» es, a final de cuentas, más doloroso que el «déjame en paz hijo de perra o llamaré a la policia». Por alguna razón hay gente que no es capaz de decir directamente «gracias, pero no puedo» o «es que no debería» o simple y llanamente «no creo que sea posible». Todos se evitan problemas con una respuesta directa.

    A veces el dolor se esconde agazapado entre las fundas del sueño. Espera ese momento de debilidad y en los linderos de la indefensión ataca con sanguinolentas quijadas. Nadie está a salvo. Parafraseando a Borges:
    Es el dolor. Tendre que ocultarme o que huir.
    Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
    La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. ¿De qué me
    serviran mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga erudicción,
    el aprendizaje de las palabras que usó el aspero Norte para cantar a sus
    mares y sus espadas, la serena amistad, las galerias de la Biblioteca, las
    cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de
    mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
    Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
    Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la
    voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la
    sombra no ha traido la paz.
    Es, ya lo se, el dolor: la ansiedad y el alivio de oir tu voz, la espera
    y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
    Es el dolor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
    Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
    Ya los ejercitos me cercan, las hordas.
    (Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
    El nombre de una mujer me delata.
    Me duele una mujer en todo el cuerpo.

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    domingo, 05 diciembre 2004

    Are you experienced?
    Hay veces en que el instinto te avisa que no debes de hacer algo. Sin embargo, la fuerza del deseo es más poderoso. Hay señales que deberían de ser obvias y sin embargo el subconsciente hace lo imposible por que no sea así. Tuve un fin de semana de esos. El buen intelecto sabe del terrible error que estás por cometer y el instinto te alerta pero esa estúpida glotonería te lleva de todas maneras. Es una pena.

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    miércoles, 01 diciembre 2004

    I think it's going to rain today
    «Sutanito, que no creía en el Coco, reposaba en la hamaca tendida entre dos guayabos cuando el Coco se le apareció...» Algo así comenzaba un cuento que súbitamente hoy recordé. No recuerdo ni el resto del cuento ni el nombre del autor. Sólo recuerdo que el apellido sonaba a italiano, pero como han pasado al menos veinte años desde que lo leí, puede que el apellido sea esquimal o argelino.

    Era el primero en un libro de cuentos que estaba leyendo Jesús Casillas Pellat el día que me lo encontré en el lagartijero de la facultad. Sólo me dejó leer un par de páginas y nos fuimos a no se donde. Recuerdo bien que pensé «he de buscar este libro para terminar de leer el cuento».

    Maldita memoria estúpida, lo recordé hoy.

    Supongo que un buen sistema de búsqueda en una enciclopedia gigantesca me ayudaría en un caso como éste, en que el único recuerdo es una porción quizá reconstruida y deformada por varios años de pretendido olvido. Estoy pensando en una especie de oráculo con una capacidad infinita para aprender, tarea en la que ocuparía la mayor parte del tiempo. El resto, por supuesto sería en responder.

    Este individuo prodigioso sabría incluso desmarañar mi desorden y extraer de mis vaguedades la sucinta sustancia que mi desesperación esconde. Tomaría de mi descripción errada las pocas palabras que tienen sentido y me ofrecería las respuestas de la que más a la que menos probables.

    Sí, estoy hablando del WEB y de los buscadores y de la terrible frustración de no sólo no encontrar lo que busco, sino sentirme agobiado por tal cantidad de información inútil. Probé el ínclito Google, el prometedor A9, y el venerable Altavista. Encontré algunas cosas buenísimas, en particular estas dos páginas: Soy Coco y este cuento. Pero me iré a dormir frustrado de no satisfacer esa mezquina inquietud de saber cómo termina el cuento. ¿Se lo habrá comido el Coco?

    La semana pasada fui al último día del GULEV, básicamente a las pláticas de Randall Schwartz y Jon «el perro rabioso» Hall. Me encontré a muchos conocidos, conocí en persona a gentes muy interesantes con las que había intercambiado correos y conocí nuevas personas. Me lo pasé estupendo. Adoro Veracruz.

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