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miércoles, 28 julio 2004
Went to see the witch doctor
caserola kernel: CPU 0: Machine Check Exception: 0000000000000004 Básicamente es un error en el procesador. El domingo la destapé para darle una limpieza y ver si había algo anormal. Claro que lo había. El ventilador del CPU se murió y estaba detenido generando aún más calor sobre el CPU. Ayer compré algunos ventiladores y me pasé el día reparando las máquinas. No pude conseguir un reemplazo para el ventilador del procesador, que es de esos que vienen dentro de una cápsula, así que, por mientras, le instalé al gabinete dos ventiladores pequeños y uno mediano en la parte de atrás para que, junto con el ventilador grande que está al frente, se forme una corriente de aire que pase sobre el procesador. Se ha estado comportando bastante bien. También destapé Tupelo y encontré que el ventilador de la tarjeta de video también está descompuesto. No tenía un ventilador del mismo tamaño, pero sí uno un poco más grande que le puse provisionalmente. La limpié concienzudamente, verifiqué que los otros tres ventiladores funcionaran correctamente y la prendí. Se me había olvidado conectar dos discos duros. Siempre antes de cerrar las máquinas verifico que todos los conectores estén correctamente puestos, ayer simplemente estaba pensando en otra cosa y sólo dejé conectados el disco de boot y el quemador de CD, que están en buses independientes. Volvía a desarmarla y armarla, revisando de nuevo todo. La prendí y jaló estupendamente. De hecho, lo hizo hasta hace unos minutos. La tuve a prueba pensando que podría ser el sobre calentamiento de la tarjeta de video la causa, y arranqué simultáneamente varias aplicaciones, corrí «queries» muy pesados sobre el manejador de la base de datos y al mismo tiempo que veía unos videos. Una maravilla, como cuando no daba lata. Pensé que se habían acabado todos los problemas. La dejé funcionando todo el día corriendo unos cálculos. Para cuando regresé, seguía perfecta, yo no cabía en mí de felicidad. Aventuré algunas pruebas sólo por no dejar y todo perfecto. Pero entonces, cuando pensé que ya no había vuelta de hoja, cerré aplicaciones, detuve cálculos y me puse a revisar los periódicos europeos y ¡pám! Se rebuteó de nuevo. De inmediato la apagué, espere algunos minutos, en lo que escribía algunas de éstas líneas y la acabo de prender de nuevo y poco después de entrar en sesión, al ir cargando metacity, se rebuteó. En el «log» no queda ningún rastro. Debe de ser algún problema de hardware severo. Estoy realmente molesto. Tengo que reemplazar esa máquina de inmediato. Pero no tengo, digámoslo de ésta manera, «la suficiencia económica necesaria» en este momento. Bueno, hace varios días que quería escribir algunas ideas que he ido dejando de lado, pero creo que hoy tampoco será ese día. Y durante casi una semana tampoco lo será. Mañana me voy a un lugar en el estado de Zacatecas a ver a un médico naturista y regresaré hasta la próxima semana. Me llevo a «Peregrina», la laptop, pero no creo poder tener acceso a la red. Quizá tampoco a energía eléctrica, pero por lo menos me distraeré viendo el monitor apagado. Cuando se ha vivido casi toda la vida cercano a la ciencia, y en particular los últimos meses visitando a varios médicos y trabajando en un hospital, es difícil aceptar una proposición como esta. Incluso ayer no estaba del todo seguro. Pero el dolor y la impotencia que causan el sentirse apabullado por los anteriormente pequeños esfuerzos que son el emplear un desarmador y extraer a mano limpia algunas componentes, me terminó de convencer. Así es. Así tan simple. Girar un desarmador, presionar una tapa, estirar los dedos para alcanzar el tornillo que se depositó entre cables, todo eso causa molestias y dolor. Subir la compra del auto al departamento, en un segundo piso, era una acción ejecutada sin pensar. Vivo sólo desde hace casi diez años, no consumo mucho. Sin embargo, ahora el subir la compra es un acto calculado. No puedo cargar mucho peso en las manos. Me ayudo de una gran bolsa de lona que cargo a la espalda y aún así, he de hacer un par de vueltas. Está demás decir que mis idas al súper son más frecuentes y no sólo voy calculando lo que llevo gastado sino el peso y volumen totales de lo que llevo en el carrito. Esas son las cosas que me han ayudado a tomar ésta determinación.
domingo, 25 julio 2004
Día da Patria Galega
viernes, 23 julio 2004
Amigo del Diablo
Las mentes sagaces dirán: «Cómo se le ocurre a ese loco que podría ir escribiendo y manejando simultáneamente, por el periférico». Buen punto. Pero es que en realidad no sólo tomo notas por escrito, también me valgo de una pequeña grabadora a pilas. Y a veces también de las famosas «notas mentales», que últimamente me están resultando tan útiles como escribirlas en la mano, asumiendo que uno vive en el trópico. El caso es que he dejado de usar la útil grabadora porque toda la logística que involucra tener baterías a la mano o un cargador, etiquetar las cassettes y además tener un bolsillo de la chamarra dedicado a toda la parafernalia, terminó por aburrirme. Llegué a considerar usar pantalones de los denominados «cargo» o un chaleco de fotógrafo, pero me pareció excesivo. Traer todo en la mochila ha provado ser ineficáz, porque me ocurre lo que a las mujeres que salen con la casa en la bolsa de mano y para sacar las llaves o el mechero terminan volteando la bolsa para vaciarla. Demasiado complicado todo. Los «PDA» no me sirven de mucho, porque mi memoria es más bien gráfica. Recuerdo cosas por cómo las escribí, por ejemplo, si al anotar un nombre escribí la inicial con florituras. O también por en qué lugar de la página lo escribí, o la orientación, o el color de la tinta, o los espacios que se formaron rodeando la anotación, o si se rompió el balance de la página por el garabato con el que subrayé algo. Pero es, definitivamente, por el orden cronológico por lo que amo las libretas. Eso es algo que les falta a los «PDAs». Me explico, cuando tomo la libretita y la abro en cualquier página para buscar algo, de inmediato me ubico en el tiempo en el contexto de las anotaciones: «esto lo anoté tal día, en el consultorio del dentista, lo que busco ocurrió unos días después, en el pasillo de los cereales en el súper». Esto es algo que los «PDAs» jamás tendrán. La libretita de bolsillo y el bolígrafo prendido a ella, de eso si que no me separo. Algo muy raro pasó mientras que terminaba de redondear una frase en el penúltimo párrafo. Caserola se pasmó. Caserola es el paradígma de la fidelidad en «hardware». Algo muy raro está pasando en ésta casa. Iba a continuar el hilo de tomar notas y con algunas anécdotas interesantes que me han pasado, pero tengo que revisar que está pasando con mis máquinas. Por hoy se interrumpe la transmisión.
miércoles, 21 julio 2004
Como la lluvia
Me acaba de escribir «Larry» por lo de la reunión de Piratec y me sabe mal no publicar las fotos de la reunión, aunque tomé pocas y sólo la primera con flash porque se me agotaron las pilas de la cámara. Helas aquí: Reunión de Piratec. En estas otras puede verse que en mi lugar de trabajo tenemos nuestra propia versión de los Sims: El lugar de trabajo de los Sims. Las fotos no las tomé yo, y sí, de nuevo se agotaron las pilas, por eso la ausencia de flash y el tomar las últimas en tonos de gris.
martes, 13 julio 2004
Thin line between love and hate
Recapitulando, mi monitor y yo fuimos muy felices por mucho tiempo. Había estado perdiendo la compostura las últimas semanas. La imagen «bailaba», el brillo variaba, etc. El jueves fue otra cosa. De repente hizo «psst, pssst» y murió. Creo que quiso llamar mi atención, aunque el bien sabía que mi mirada estaba siempre sobre de él. En todos estos años sólo una vez estubo enfermo y yo se lo achaco a que a Clotilde le encantaba acostarse sobre de él. Tal que así se pone Clotilde Claro, se veía tan bien que nunca le dije nada. Hasta el día en que el señor monitor se descompuso y «El Callao» me lo arregló. Estaba a punto de terminar la tipografía de un libro y afortunadamente Max de Mendizábal me prestó un monitor en lo que «El Callao» reparaba el mío. Qué bueno es tener tan buenos amigos. Como Fredo, que hoy «me hizo el mega-paro» en la compra de un nuevo monitor, uno de 19 pulgadas. ¡Yíiiiija! Ahora sí, a ver de todo. Lo único malo es que Tupelo se quedó prendida desde el jueves, porque no quería detener una aplicación que estaba corriendo, y al conectar el nuevo monitor se sincronizó bien y continuó funcionando. Pero claro, eso de que estaba jalando desde el jueves ya me hacía sospechar que algo iba a pasar. Por supuesto se «rebooteo» en el peor momento, cuando estaba moviendo archivos de un disco a otro. Al levantar, claro que hubo inconsistencias en el file system. Esto no puede seguir así. El motherboard de Tupelo será reemplazado pronto. ¿Qué hice en estos días? Nada. Sin poder interactuar con una computadora no soy capáz de hacer nada. Bueno, el viernes vi al Esteban(dido) y el sábado a Daniel. El domingo comí en casa de mi hermano. Las películas vistas en estos días fueron: «Intolerancia» de D. W. Griffith (da como para escribir mil palabras); «Platoon» de Oliverio Piedra, que cuando se estrenó me provocó repulsión; un bodrio que se llama «Blast from the past», pero Alicia Silverstone está bien chulita así que no pude evitarlo. Compré nuevo material. Entre las destacadas: «Amanece, que no es poco» de José Luis Cuerda; «Japón» de Carlos Reygadas; «Raising Arizona» de los hermanos Coen y «Night of the Living Death» de George A. Romero y «Carnival of Souls» de Herk Harvey en el mismo DVD. De las dos últimas, la primera tiene fama de ser una de las películas que causa más terror. Para mí, es la segunda. La ví hace varios años en la televisión y no me podía despegar ni apagarla, pero estaba aterrorizado por completo. No voy a ser capáz de verlo solo.
jueves, 08 julio 2004
Mientras no estabas...
O sea, digamos esto en cristiano, el tratamiento que sigo por la atritis puede alterarme los ojos. Bien, muy bien. Dejar de tocar la guitarra, que es algo que había hecho por más de treinta años no es suficiente, también puedo quedar ciego. Ssstupendo. Bueno, en realidad ya puedo tocar otra vez, pero no por mucho tiempo ni nada complicado. Ahora lo que no puedo hacer es estirar el brazo derecho por completo ni agarrar cosas pesadas con la mano derecha. Tampoco puedo comer nada que empiece con la letra «V» ni pronunciar palabras como «farfullo», pero eso es porque me gana la risa. Saliendo del consultorio, a unas cuatro o cinco cuadras de la casa, pasé por un Sanborns a revistear. Sana costumbre. Agarra uno una revista de esas de literatura con un nombre rimbombante y en lo que se hace como que se la lee, ojea uno el muestrario de bikinis que siempre anda por la sección de deportes. También se presta atención a las bellas damiselas que quedan de verse con algún afortunado en la sección de revistas. Está bien, me avergüenza confesarlo: realmente examino esas revistas sesudas de literatura. Pero por lo general las hojeo1 y rara vez las compro. Cuando no son extremadamente pedantes, son extremadamente aburridas. En una mayor parte, por supuesto, porque por lo general también tienen algún articulo o nota o reseña que valen la pena. El caso es que salí de la tienda con el Scientific American que habla de cómo permanecer joven y con una revista que se llama «algarabía». Por supuesto que las pagué. Hace años que no hago uso de mi «beca literaria Sanborns». Aunque debería. ¿Por qué compré la segunda revista? Pues porque tiene un artículo sobre el gran Jorge Ibargüengoitia y uno de sus ensayos para el periódico Excelsior. En la página final del artículo, como viñeta viene este refrán: «El que no conoce a Dios a cualquier barbón se le hinca.» Totalmente cierto. Pero también las viejas beatas. Lo juro. Una vez iba yo en mi «Mancherati» y en un alto, una señora que iba pasando la calle se me quedó viendo y se me acerco, se persignó y me dijo «eres Jesús ¿verdad?». Por supuesto que lo que pensé es que se refería a un Jesús que ella conocía, pero me asustó tanto por la forma como me veía, como torciéndo la cara y abriendo los ojos para pedir perdón que aceleré a tope. A mi amigo Víctor Soler, saliendo de una cantina, un teporocho se tiró al piso delante de él llorando y gimiendo «ya no vuelvo a tomar, te lo juro Chuchito». También tiene un artículo buenísimo, dedicado a esos periódicos que acostumbran «cabecear» destrozando la gramática estructural y que tanta gracia nos hacen. Por ejemplo: «Deja Sahagún carta a Santa». No, espera, esa me hizo reir por otra razón. Más bien: «Abandona suerte a los billeteros». Sujeto, verbo y predicado. Toda la primaria a uno se lo repiten y repiten para que aprenda a redactar correctamente y ¿qué pasa? Nomás sale uno de la escuela y lo primero que ve en un puesto de periódicos, en letras grandotas además, es que hay gente a la que le pagan por alterar el orden: verbo, sujeto y predicado como en el ejemplo anterior, o en uno completamente incomprensible como este: «Pide a Fox desistirse congreso queretano». Páginas adelante, un artículo sobre las expresiones con palabras olvidadas, buenísimo. Nunca entendí a que se refería la frase «se fue hecha la mocha». Las mochas, o católicas exacerbadas, en cuanto pecan en lo más mínimo van corriendo a confesarse, es decir, se van rapidísimo. Ahora bien, nunca he entendido qué quiere decir la frase «le agarró la mano el chango», pero esta no viene explicada. Otros artículos que me gustaron mucho son uno que habla del art nouveau, otro estupendo sobre Allen Koningsberg, a quien todos conocemos como Woody Allen, el célebre autor de la frase «Las mujeres más lindas resultan casi siempre las más aburridas, y ésa es la causa de que muchas personas no crean en Dios.»2 y un gran artículo titulado «Palabrotas» que habla, adivinaron, de las palabras grandes. En fin, me gustó la revista. Buen diseño, buen contenido, muy buenas tipografía e ilustraciones. Tal parece que la oftalmóloga me haya dicho: «Ve usted muy bien. Ála, vaya a leer por ahí». Además una sóla revista me dió pie para escribir más de ochocientas palabras... 1 Que se note que he escrito primero «ojeo» para referirme a que le estaba echando el ojo a unas modelos en bikini y después he escrito «hojeo» porque estaba pasando las hojas de una revista. 2 Me va a llover, ¡cómo me va a llover!
martes, 06 julio 2004
Amicus usque ad aras
Hace un par de semanas unos alumnos me pedían que les recomendara buenos maestros y, aunque la facultad aún tiene excelentes maestros, forzosamente tuve que pensar primero en las clases con el Dr. Barajas. Varias veces oí a algún compañero confesar que en los momentos en que estuvo a punto de abandonar la carrera, bastó la presencia del Dr. Barajas o una de sus magistrales pláticas para animarle a continuar. Creo que el recuerdo más hermoso que tengo de él es que una vez después de clase un compañero le preguntó si no se sentía desilusionado por el estado en el que se encontraba la Facultad de Ciencias, toda pintarrajeada y con paros cada dos por tres y con los alumnos más interesados en la política que en la ciencia. Su respuesta fue tan respetuosa como siempre y básicamente lo que nos dijo es que se sentía muy orgulloso de los alumnos de la facultad, porque lo peor que se puede ser, es ser conformista.
Hoy no es un buen día.
domingo, 04 julio 2004
Mambo Chillun
La fuente que reemplacé la dejé sobre la mesa en la que como, destapada mostrando el polvo y la pelusa de varios años de estar cerrada jalando aire por una ranura casi ininterrumpidamente. Bueno, pues ayer cuando vino la Sra. Suzy ---quién me ayuda aseando el departamento--- por alguna razón que no comprendo, decidió que esa fuente no podía estar así de mugrosa y la limpió por completo. Cuando la ví no pude evitar reírme imaginándome lo que que pensaba: «No sé como el joven puede tener una fuente de potencia tan cochina, que vergüenza, la voy a limpiar muy bien». En cuanto al reemplazo de Tupelo, es en cierto modo angustiante, porque nunca me he deshecho de máquinas, siempre termino encontrándoles un uso, pero en éste caso será inevitable. Nunca llegamos a tener baraka. Estas ruinas que ves Ayer hubo una reunión de Piratec. Si usted nunca oyó hablar de esto o nunca tuvo un disco de «Inutilerías» o nunca leyó el «PTC Journal», es más, si no sabe quién es Jaime Ballesteros, entonces no podrá comprender la importancia del asunto. Sólo hubo dos miembros del Kernel original. Del resto se sabe que uno vive en Tijuana, otro continúa en su guarida favorita: la casa de sus padres, y otro cria a sus hijos en una casa en la salida a Cuernavaca. La última de las reuniones a la que asistí fue una un par de meses antes de las elecciones presidenciales de 1994, así para mí al menos, fue retroceder diez años en el tiempo. Por supuesto hubo fotos, pero no las puedo mostrar. Por sigilo y por pudor. Puedo decir que, por ésta vez no nos reunimos en la sede de Zagrev, sino en la Ciudad de México, pero no puedo ser más específico.
jueves, 01 julio 2004
Por nadie mas
Se fué la luz un par de veces y en la segunda una de las máquinas de Adrian se apagó, pese al no-break. Rápidamente la abrió y aparentemente la fuente prendía erráticamente. Aprovechando la cercanía y conveniencia de una tienda sobre Miguel Angel de Quevedo fuimos a comprar una fuente nueva. Aproveché y compré otra pensando que las súbitas rebuteadas1 de Giga podrían deberse a una fuente defectuosa. Al salir de la tienda comenzó a llover y nos reímos del absurdo de tener que proteger nuestras fuentes de la lluvia. «Hay que evitar a toda costa que se nos mojen las fuentes». De vuelta en casa de nuestro huésped, en un periquete armó la máquina con la nueva fuente y reinició sin mayor problema. Pongo énfasis en esto porque Adrian es biólogo. Departimos, «grillamos» y arreglamos el mundo a gusto. El llegar de las nueve de la noche fue el momento de decidirnos a partir. Llegué a la casa, preparé una frugal2 cena y vi el noticiero. Al terminar, decidí ver cómo iba Giga que hoy quedó prendida desde la mañana. Seguía prendida y aparentemente en calma. Entonces pensé «bueno, qué flojera cambiarle la fuente. Mientras aguante prendida, voy dejarla así.» Y mientras leía los periódicos europeos, se «rebuteó». Llegó el momento. ¡Ups! No es bueno mezclar problemas antes de solucionarlos. Al rearmar Giga decidí darle otra oportunidad a algo que ya había determinado que falla. Va para atrás el cambio... Nueva armada, la inicio y el SO decide que como uno de los discos ya ha sido montado veintisiete veces sin ser revisado, que ya le toca. Ese es precisamente el infierno del que pretendía huir cuando actualicé todas las máquinas a ext3. ¿Tienen idea de cuánto toma revisar un disco de 120 GB al que le quedan aproximadamente dos GB libres? Pues mucho tiempo. Ahora sí, como decía Kalimán: «Paciencia, serenidad y paciencia, mi joven compañero Solín». Sólo espero que no pase lo mismo con el disco grande. Esta espera forzosa es una buena oportunidad para revisar una de las pocas supersticiones que tengo. Desde muy pequeño he tenido la convicción de que las cosas nos corresponden. Es decir, si uno se porta bien con un objeto, éste será bueno con nosotros. Hace muchos años, en una galaxia muy lejana, se me dió por leer a Robert Graves, sobre todo la poesía. En alguna de sus obras leí que precisamente para éste fenómeno kármico entre los objetos y yo, la cultura árabe tiene un término que lo describe: «Baraka». Por cierto que luego de varios años decidí buscar la referencia de nuevo. Estaba convencido que lo había leído en «La Diosa Afrodita» y al releerla encontré un pasaje buenísimo, que tengo que citar: Voces de un vendedor de huevos turco. En fin, que no he encontrado la referencia aún, pero es del concepto y no del término de lo que quiero hablar hoy. Hay baraka, cuando un objeto y una persona se corresponden en bondad. Por ejemplo mi primer «Mancherati» y yo teníamos baraka. Era un Valiant modelo 1964, muy querido por mí por su nobleza. Lo tuve entre 1986 y 1989. Todas las veces que se descompuso, que tampoco fueron pocas, lo hizo al salir de la casa en días que no tenía prisa, o al llegar a la casa, o enfrente de un taller mecánico. Mi vehículo actual, el «Mancherati II», y yo, también tenemos baraka. También tuve baraka con una guitarra que tuve mientras estuve en la prepa. Siempre sonó estupenda y hasta el último de mis días me arrepentiré de haberla vendido. Con mis máquinas también tengo baraka. Con la fiel Breogán. Con la impactantemente confiable Caserola, desde la que escribo y en la que se hospeda este blog. Con Genoveva, que aún es mi favorita para hacer música ---y ruidos, cuando las musas no me son favorables---. Con las míticas ZootAllures y Ladrillo, que están entre las más viejas. En un menor grado con Peregrina, la laptop, por ser tan relativamente reciente y con Charros, porque nunca ha tenido una personalidad definida y experimento sistemas operativos con ella. Quedan, una desarmada que no ha sido «buteada» en varios años y que nunca tuvo nombre y Giga. Giga es un caso por completo aparte. Cuando la armé era un maquinón. El procesador es un Pentium III a un giga Hertz. Tenía un giga y medio de RAM y doscientos gigas de disco duro (uno de ochenta y otro de ciento veinte). Ya saben por donde va el asunto, ¿no? Así es, le puse Giga porque no se me ocurrió otro nombre y rompí una regla, que era ponerle a las máquinas un nombre especial. Las máquinas de La Jornada que instalé y usaba, se llamaban como los hijos de Frank Zappa: MoonUnit (por Moon Unit Two), Dweezil, Ameht y Diva (por Diva Muffin), en honor al gran músico y defensor del derecho de expresión3. Quizá todos los problemas que he tenido con Giga se deban a que comenzamos mal. La di un nombre al aventón y sin significado emocional. Es por eso, que hoy, en un intento de recomponer nuestra relación he decidido nombrarla con base en el título de una de las mejores canciones de Van Morrison, Tupelo Honey. Desde hoy se llamará Tupelo. 1 Lea la entrada del día anterior y comprenderá porqué digo lo que digo. 2 Está bien, lo admito, me atasqué como siempre. Ésta panza no está llena de aire. 3 ZootAllures es de la época y también recibió el nombre por mi afición Zappatista.
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