Paginas pasadas de La Mancha de la Calabaza que Ladra
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Paginas pasadas de La Mancha de la Calabaza que Ladra.
Paridas e insulsas historias en la inútil vida de La Mancha de la Calabaza que Ladra.

El Emilio de La Mancha
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    How Evil Are You?


    How many cannibals could your body feed?


    This is the day you shall always remember as the day that you almost caught Mancha.

    Which movie was this quote from?

    Get your own quotes:




     Bitacoras.com

           
    martes, 21 diciembre 2004

    Way of life

    Maldito frio. Por lo general la habitación en la que trabajo es demasiado caliente, todas esas máquinas prendidas todo el día. Hoy fue insoportable el frio. Lo más desagradable del asunto es que, como en México normalmente no hace frio, uno no está preparado para estas situaciones. Ni las casas tampoco. Es así que no tengo ropa cómoda ni mi casa está aislada y no tengo ni la menor idea de cómo poder teclear con los guantes puestos. Tampoco se cómo dejar de lado la noción contínua de que tengo frio. No puedo pensar en otra cosa ni concetrarme en el trabajo.

    Hoy es otro de esos días en los que no se de que hablar y suelto una perorata sobre lo primero que se me ocurre.

    Voy a tratar de contenerme y mejor escribir sobre lo que hice hoy. Estuve todo el día trabajando en la tipografía de un problemario de teoría electromagnética. Por lo general cuando formo un libro leo el contenido y medito sobre él. Pero no siempre. En particular este es el segundo caso en el que no lo hago. La primera vez fue con el libro de mecánica cuántica que terminé hace un año. No niego que podría aprender mucho de este, porque es un libro que se puede leer con las someras nociones de física con las que sale uno de la prepa, pero me parece tan árido el tema y quiero terminarlo lo más rápido posible.

    A parte de eso, no hice otra cosa en el día. Trabajar, tomar café y luego tomar té (por supuesto, orinar varias veces). No comí, y a las diez me dió hambre. Ayer cocí patatas, espinacas, brocoli, ejotes y chícharos. Hoy los calenté en la sartén con aceite de oliva y freí unas enchiladas potosinas y ¡guáuuu! Que deliciosa mezcla.

    Pues bueno, hoy tampoco estoy con ganas de escribir. Es la presión de cumplir con el compromiso de hacerlo diario lo que me empuja. Pero ya no se qué más decir y el frio me está haciendo considerar que le dé de comer a la cama y leer un par de horas hasta que me dé sueño. Definitivamente eso es lo que haré.

    Como premio de consuelo dejo unas fotos.


    Pensando y echando humo.

    El retorno del hijo de «pensando y echando humo».

    Igmaél Olea y el de la voz, cantando por dinero ante un nutrido grupo de turistas en Teotihuacán. (Foto: cortesía de Max de Mendizábal).

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    lunes, 20 diciembre 2004

    Total Trash

    LLevaba un par de meses sin vaciar las fotos de la cámara. Hoy lo hice y seleccioné algunas. La de Alexander se me coló, pero aún creo que tiene un estupendo ambiente de trabajo. Las pongo así, tal cual, con un pie minimalista. Sin aclarar que a Sandino en los últimos dos años sólo lo veo en congresos (Villahermosa, Veracrúz, Ciudad de México), ni que Max se quedó dormido en una plática de Mono, en el Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, ni por qué le digo «Maestro Mangiacaprinni» a mi amigo Arturo, ni por qué mi amiga Karla se iba pintando en el auto. Que va, todo natural. Es más, tampoco voy a explicar por qué llevo dos días escuchando exclusivamente a Sonic Youth.


    Santiago, mi joven sobrino

    Alexander Kouznetsov

    La oreja llena de pelos de mi amigo Sandino Araico

    Max de Mendizábal, dormido en una plática

    El retorno de Max de Mendizábal, dormido en una plática

    Arturo Pérez Rangel, el Maestro Mangiacaprinni

    Palomas...

    OK, de nuevo mi joven sobrino Santiago

    Mi amiga Karla, maquillándose en el auto

    Una instantánea de menda, aspirando tabaco en lo que lee noticias

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    Little Wing

    «¿No debería decir lo que se siente llevar meses sin trabajo haciendo pequeñas chambitas? ¿Lo pesada que es la decisión de vivir solo? ¿La extenuante carga de vivir bajo principios?»

    Vamos por partes. Tres preguntas difíciles y extenuantes. ¿Cuál debería de satisfacer primero? Algo me impulsa a que sea la segunda. Pero me es la más difícil en estos días. Tomaré la primera, porque el orden en que las hice fue espontáneo y quizá es cierto que no hay casualidades.

    Dan lo mismo los motivos que me hayan llevado a no tener trabajo estos meses, sólo cuenta el resultado. A final de cuentas no importa lo que digan, el trabajo es únicamente el medio. El fin es vivir feliz. Eso es todo lo que cuenta. Lo demás son baratijas que aparecen y desaparecen.

    Debo de explicarme más en éste punto. No creo en absoluto en toda esa alegoría utilitaria de que el trabajo es lo más importante y que no hay nada como la satisfacción del trabajo cumplido. No es más que una gran mentira inculcada para hacernos sentir satisfechos con un sueldo miserable por un trabajo desagradable. Claro que hay gente que encuentra satisfacción en su trabajo y oficios que son intrínsecamente placenteros, pero son las excepciones en una estructura social donde unos cuantos viven a costa de la esclavitud asalariada de la mayoría. Hay una gama muy amplia de tonalidades en ese escalafón, pero al final es como el gallinero donde las gallinas de arriba se cagan en las de abajo.

    La fantasía de que el trabajo bien hecho es un fin en sí, y por tanto una recompensa más importante que un salario justo, es tan faláz como que la recompensa a una vida de sacrificios es otra vida de felicidad. Nada tan conveniente como engañar y convencer a otros de que trabajen para tí, de que respeten las reglas que los convierten en tus esclavos, de que compren lo que vendes, aunque no lo necesiten. Finalmente, de que peleen las guerras que te convienen.

    El punto entonces es ¿vale la pena el trago amargo de un trabajo desagradable a cambio de la efímera satisfacción de ese auto nuevo velóz y flamante? A final de cuentas, ese auto sólo sirve para llevarte al trabajo y te envuelve en una espiral de dependencias de la que deberías estar huyendo en primer lugar.

    Aún no respondo la pregunta y la evito como meter la mano al fuego. Hoy tampoco será satisfecho el reto.

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    domingo, 12 diciembre 2004

    Dirty Blvd
    Acompañé a mi hermano y a su esposa a uno de estos sitios llamados outlets que bien podrían llamarse «Templos del consumo». Está en la carretera a Toluca, cerca de Lerma. La primera impresión fue, tal cual, «esto es como un Izazaga, pero para gente que le gusta ir lejos». Mi único interés era comprarme un pantalón porque de nuevo estoy bajando de peso y los últimos que compré ya me quedan flotando.

    La intención de mi hermano y su esposa era la de comprarle ropa al niño porque está creciendo muy rápido. Mi hermano compró dos pantalones y una camisa. Mi cuñada una falda, una blusa, un poncho, unos pantalones, tres pares de zapatos y algunas cosas más que no registré. A Santiaguito, mi sobrino, le compraron una playera. Eso sí, visitamos todas las tiendas de ropa para infantes. Destacó una que tenía ropa particularmente bonita para niñas y así de cara, también.

    Todo el tiempo que estuvimos allí, que no fue poco, me la pasé observando a la gente. La mayoría son, como los describe mi amiga Karla, «guanabís». A casi todos se les veía cara de I wanna be shopin' in San Antonio o I wanna be blond and thin y definitivamente I wanna be rich. Ésto último lo digo porque a muy pocos se les veía cargados de bolsas, a muchos con unas poquitas y a otros tantos con ninguna y no creo que la gente vaya allí por la comida, que es la oferta estándar para este tipo de centros comerciales, ni por los cines, porque la mayoría de las matrículas en los autos eran del D.F. y pasan las mimas películas que en cualquier cadena de cines de la ciudad.

    En uno de los pasillos, justo frente al infalible Mixup, unos carromatos con libros. Por lo que ví, los jóvenes que los atienden han recibido la dosis de indiferencia para toda una vida.

    En fin, me pareció muy triste toda la situación. Pero hay otra cosa que me tiene afligido. Ayer en la noche vi a mi amigo Daniel Kornhauser y me comentó que a veces lee éste blog. Le pregunté que le habían parecido algunas entradas, de las que me siento orgulloso, y resulta que no las ha leído. Ya sé que escribo muchas tonterías y que la mayoría de las veces, como hoy, escribo por rellenar pero pensé que al menos era ameno y que algunas entradas tendrían mérito.

    Lo anterior me llevó a releer todo lo que he escrito y la conclusión más importante es que no me la juego como debería. Que debo de escribir más lo que pienso y menos lo que veo. Dejar de ser el espectador que transcribe y más el observador que analiza. Eso debe de tener más interés para la gente que saber que hoy me compré un par de pantalones.

    Una observación menor acerca del asunto, pero no menos inquietante, es que con bloxsom no encontré manera de leer las entradas más viejas. La culpa también es mía porque cuando decidí usarlo fue porque es un script en Perl al que se le puede meter mano fácilmente y reconfigurarlo hasta donde se le antoje a uno. Algo tengo que hacer al respecto.

    Regresando al punto, es poco honesto lo que estoy haciendo. En una de las primeras entradas comentaba que esto de los blogs es como una ventana al interior de las personas y en la mía hay una espesa cortina a la que a veces entreabro. ¿No debería decir lo que se siente llevar meses sin trabajo haciendo pequeñas chambitas? ¿Lo pesada que es la decisión de vivir solo? ¿La extenuante carga de vivir bajo principios?

    Poco a poco lo iré escribiendo.

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    miércoles, 08 diciembre 2004

    Music for 18 musiacians
    Un oso, una x y un reloj. Son recuerdos desperdigados sobre un campo de ignominia. El oso y la equis se confunden cuando se les ve a la suficiente distancia. Es un sentimiento marchito. A veces, también, los ángeles juegan con el pecado y las simétricas porfias del arte.

    Je voudrais pas crever

    Je voudrais pas crever
    Avant d'avoir connu
    Les chiens noirs du Mexique
    Qui dorment sans rêver
    Les singes à cul nu
    Dévoreurs de tropiques
    Les araigné d'argent
    Au nid truffé de bulles
    Je voudrais pas crever
    Sans savoir si la lune
    Sous son faux air de thune
    A un côté pointu
    Si le soleil est froid
    Si les quatres saisons
    Ne sont vraimment que quatre
    Sans avoir essayé
    De porter une robe
    Sur les grands boulevards
    Sans avoir regardé
    Dans un regard d'égout
    Sans avoir mis mon zobe
    Dans des coinstots bizarres
    Je voudrais pas finir
    Sans connaître la lèpre
    Ou les sept maladies
    Qu'on attrape là-bas
    Le bon ni le mauvais
    Ne me feraient de peine
    Si si si je savais
    Que j'en aurais l'etrenne
    Et il y a z aussi
    Tout ce que je connais
    Tout ce que j'apprécie
    Que je sais qui me plaît
    Le fond vert de la mer
    Où valsent les brins d'algue
    Sur le sable ondulé
    L'herbe grillée de juin
    La terre qui craquelle
    L'odeur des connifères
    Et les baisers de celle
    Que ceci que cela
    La belle que voilà
    Mon Ourson, l'Ursula
    Je voudrais pas crever
    Avant d'avoir usé
    Sa bouche avec ma bouche
    Son corps avec mes mains
    Le reste avec mes yeux
    J'en dis pas plus faut bien
    Rester révérencieux
    Je voudrais pas mourir
    Sans qu'on ait inventé
    Les roses éternelles
    La journées de deux heures
    La mer à la montagne
    La montagne à la mer
    La fin de la douleur
    Les journaux en couleur
    Tous les enfants contents
    Et tant de trucs encore
    Qui dorment dans les crânes
    Des géniaux ingénieurs
    Des jardiniers joviaux
    Des soucieus socialistes
    Des urbains urbanistes
    Et des pensifs penseurs
    Tant de choses à voir
    A voir et à z-entendre
    Tant de temps à attendre
    A chercher dans le noir

    Et moi je vois la fin
    Qui grouille et qui s'amène
    Avec sa gueule moche
    Et qui m'ouvre ses bras
    De grenouille bancroche

    Je voudrais pas crever
    Non monsieur non madame
    Avant d'avoir taté
    Le goût qui me tourmente
    Le goût qu'est le plus fort
    Je voudrais pas crever
    Avant d'avoir goûté
    La saveur de la mort...
     Boris Vian

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    martes, 07 diciembre 2004

    The Illinois Enema Bandit

    Tener un testaferro es tan cómodo como tener un grano en ese lugar donde nunca da el sol. Para poder cobrar un trabajo tuve que recurrir a la bondad de un amigo que me prestó un recibo gracias a las disposiciones de la SHCP que tanto nos gustan. La logística que implica pedir el contrato, ir a su trabajo a que lo firme, regresarlo, pedirle que vaya a por el cheque, llevarse un golpe en las narices, porque «hoy no vino Sutanita que es la que tiene los cheques» y regresar con un poder amplio para poder sacarlo, llevarle el cheque para que lo cambie y finalmente tener el dinero en las manos, me ha consumido más tiempo del que quiero pensar. Pero finalmente, si todo va bien, mañana podré tener ese dinero.

    «Puedes huir, pero no puedes esconderte.» Eso es lo que deberían de avisarles a los políticos que creen que pueden quedar impunes. Díaz Ordaz bien pudo avisarles a todos que no hay lugar seguro. Un millón de gracias a todos aquellos que nunca desistieron en pintar de rojo la embajada de México en Madrid y que no se cansaron de gritarle y arrojarle objetos diversos a la entrada y salida de su casa.

    En otro orden de ideas, el maldito «yo te llamo el próximo año» es, a final de cuentas, más doloroso que el «déjame en paz hijo de perra o llamaré a la policia». Por alguna razón hay gente que no es capaz de decir directamente «gracias, pero no puedo» o «es que no debería» o simple y llanamente «no creo que sea posible». Todos se evitan problemas con una respuesta directa.

    A veces el dolor se esconde agazapado entre las fundas del sueño. Espera ese momento de debilidad y en los linderos de la indefensión ataca con sanguinolentas quijadas. Nadie está a salvo. Parafraseando a Borges:
    Es el dolor. Tendre que ocultarme o que huir.
    Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
    La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. ¿De qué me
    serviran mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga erudicción,
    el aprendizaje de las palabras que usó el aspero Norte para cantar a sus
    mares y sus espadas, la serena amistad, las galerias de la Biblioteca, las
    cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de
    mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
    Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
    Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la
    voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la
    sombra no ha traido la paz.
    Es, ya lo se, el dolor: la ansiedad y el alivio de oir tu voz, la espera
    y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
    Es el dolor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
    Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
    Ya los ejercitos me cercan, las hordas.
    (Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
    El nombre de una mujer me delata.
    Me duele una mujer en todo el cuerpo.

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    domingo, 05 diciembre 2004

    Are you experienced?
    Hay veces en que el instinto te avisa que no debes de hacer algo. Sin embargo, la fuerza del deseo es más poderoso. Hay señales que deberían de ser obvias y sin embargo el subconsciente hace lo imposible por que no sea así. Tuve un fin de semana de esos. El buen intelecto sabe del terrible error que estás por cometer y el instinto te alerta pero esa estúpida glotonería te lleva de todas maneras. Es una pena.

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    miércoles, 01 diciembre 2004

    I think it's going to rain today
    «Sutanito, que no creía en el Coco, reposaba en la hamaca tendida entre dos guayabos cuando el Coco se le apareció...» Algo así comenzaba un cuento que súbitamente hoy recordé. No recuerdo ni el resto del cuento ni el nombre del autor. Sólo recuerdo que el apellido sonaba a italiano, pero como han pasado al menos veinte años desde que lo leí, puede que el apellido sea esquimal o argelino.

    Era el primero en un libro de cuentos que estaba leyendo Jesús Casillas Pellat el día que me lo encontré en el lagartijero de la facultad. Sólo me dejó leer un par de páginas y nos fuimos a no se donde. Recuerdo bien que pensé «he de buscar este libro para terminar de leer el cuento».

    Maldita memoria estúpida, lo recordé hoy.

    Supongo que un buen sistema de búsqueda en una enciclopedia gigantesca me ayudaría en un caso como éste, en que el único recuerdo es una porción quizá reconstruida y deformada por varios años de pretendido olvido. Estoy pensando en una especie de oráculo con una capacidad infinita para aprender, tarea en la que ocuparía la mayor parte del tiempo. El resto, por supuesto sería en responder.

    Este individuo prodigioso sabría incluso desmarañar mi desorden y extraer de mis vaguedades la sucinta sustancia que mi desesperación esconde. Tomaría de mi descripción errada las pocas palabras que tienen sentido y me ofrecería las respuestas de la que más a la que menos probables.

    Sí, estoy hablando del WEB y de los buscadores y de la terrible frustración de no sólo no encontrar lo que busco, sino sentirme agobiado por tal cantidad de información inútil. Probé el ínclito Google, el prometedor A9, y el venerable Altavista. Encontré algunas cosas buenísimas, en particular estas dos páginas: Soy Coco y este cuento. Pero me iré a dormir frustrado de no satisfacer esa mezquina inquietud de saber cómo termina el cuento. ¿Se lo habrá comido el Coco?

    La semana pasada fui al último día del GULEV, básicamente a las pláticas de Randall Schwartz y Jon «el perro rabioso» Hall. Me encontré a muchos conocidos, conocí en persona a gentes muy interesantes con las que había intercambiado correos y conocí nuevas personas. Me lo pasé estupendo. Adoro Veracruz.

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    sábado, 20 noviembre 2004

    Spanish Politics
    Oficialmente ya es mi cumpleaños. Ya tengo 43. Según mis cálculos ya viví dos terceras partes de lo que me corresponde. Digan lo que digan los optimistas acerca de los promedios de vida no creo pasar de los 65 y eso con mucha suerte.

    Zenón un amigo que trabajaba en la Pepsi tuvo la puntada de llevar a una de esas reuniones con los amigos ---en las que jugábamos canasta y tomábamos té y comiámos galletitas---, un reloj que iba a sonar en el primer segundo del nuevo milenio. En el año dos mil, no en el dos mil uno, como debería de ser. El caso es que el simpático reloj puede programarse para que suene a cualquier hora de cualquier día. Éste es el cuarto año que suena al primer segundo del día de mi cumpleaños. Y el maldito reloj es muy bueno para esconderse, pero al final lo hallé y lo callé.

    Unos cuantos minutos después, sonó el teléfono y era mi amiga Karla llamando desde Sidney para felicitarme y avisarme que llega el 15 de diciembre. ¡Magnífico! Planea quedarse en México.

    Ayer vino por la casa Alexander, que hace mucho que no lo veía y nos fuimos a cenar al chino que está frente a mi casa. Terminando de cenar saqué mi pipa y me dijo que su madre le compró una y que se la enviará pronto. Le di lata un rato sobre la conveniencia de fumar en pipa. Sobre todo lo útiles que son para señalar cosas.

    Luego nos fuimos a su casa a ver novedades en hardware y software. Éste es su ambiente de trabajo:


    Alexander Kouztnesov.

    Cool ¿no?

    Fuera de eso ayer trabajé muy poco, saqué el auto del taller, me dí una vuelta por la imprenta para ver si ya estaban mis recibos de honorarios y me encontré a otro amigo que hacía mucho que no veía y platicamos un poco.

    Leí un demonial de correo atrasado, contesté alguno, borré la mayoría y luego me tumbé a pensar que haré el resto de mi vida. A los diez minutos puse una película y decidí que eso es lo que me gusta y eso es lo que haré. Vi «Goodfellas» por enésima vez. Me encantan las películas sobre la mafia. En particular si sale Robert de Niro y mejor aún si sale también Joe Pesci. Soy incapáz de hacerle daño a alguien y me horroriza todo el concepto de la violencia, pero me encantan las escenas en las que Pesci deja salir todo. La escena en la que le dispara al pie a Michael Imperioli (sí, el mismo actor que hace el papel del sobrino de Tony Soprano) es estupenda.

    Por otra parte, la madre de Martin Scorsese hace un papel genial. El detalle de pasar por la casa por unas palas para deshacerse del cadáver y quedarse a cenar es estupendo.

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    lunes, 15 noviembre 2004

    Guess I'll hang my tears out to dry
    Se me ha hecho costumbre desde que escribía para una revista que el título del artículo era una adaptación o directamente el título de la canción que estuviese escuchando al momento de iniciar a escribir. La lógica del asunto es que comenzar a escribir es lo más difícil y si de entrada tengo un título atractivo el resto fluye solo. Por lo general es así, pero a veces me regreso varias veces a enmendarlo o adaptarlo. Hoy el título es un adorno porque mis padres, que están de visita en mi casa, duermen al lado de la habitación donde trabajo. Así que, no puedo estar escuchando la magnífica canción del título de hoy y que está en el prodigioso disco Ballads de Dexter Gordon. Sólo puedo imaginarla. Si no fuese tan complicado enchufar los audífonos...

    Bueno, finalmente hoy vinieron de Hacienda a «verificar» mi domicilio. Hace como mes y medio metí un recibo en la UNAM para cobrar la tipografía de un libro que estoy haciendo. Primera sorpresa: los recibos caducan a los dos años. «No hay problema, ahora mismo voy a la imprenta y ordeno otra remesa» pensé. ¡Já, cuan ingenuo! Me dicen que no hay problema, que en un par de días los tienen. Llego a la casa y el teléfono sonó. Era la imprenta. Hacienda rechazó el trámite, tengo que presentarme a la administración tributaria que me corresponde para aclarar el asunto. Tragándome mis fobias me voy en taxi a Xochimilco y me entero de que no me permiten la impresión de mas recibos porque fueron a mi domicilio y no me encontraron. Cuando se vive solo y se trabaja fuera de casa, eso es muy común, pero parece ser que para Hacienda somos una excepción imperdonable. Hice un escrito autógrafo pidiendo que se me hiciera una verificación domiciliaria, el día once de octubre. Me dijeron que a más tardar en quince días vendrían. Todo ese tiempo estuve pegado al interfón esperando la visita del verificador, con la angustia de no saber qué ofrecerle. «¿Le gustará el pastel? ¿Preferirá café o té?». Los siguientes quince días los pasé elucubrando el terrible oficio que metería en la oficialía de partes para conseguir la renuncia del débil mental al que se le ocurrió esa barbaridad.

    Pero bueno, finalmente vinieron hoy y supuestamente el jueves podré pedir de nuevo la impresión de recibos de honorarios. Lo malo es que la UNAM ejerce presupuesto hasta finales de octubre. Es decir tendré un inútil talonario de recibos que no podré utilizar hasta enero o febrero.

    De todas maneras tuve que ir a la imprenta porque estaban a punto de regresarme la solicitud de impresión y valió la pena. Es de estas que están en la calle de Odontología y que se especializan en imprimir tesis. Eso siempre es divertido, por los títulos. Los premios del día van para: «Voz y datos una realidad con ADSL, la red pública del nuevo milenio» de la UNITEC y «Creación de una red "tipo estrella" para un café internet» del IPN. Me reservo los nombres de los autores para evitarles una mayor vergüenza. Sólo diré que la primera la escribieron entre dos y la segunda entre ¡seis!

    ¡Charros! Dejé a «viajera» la nueva laptop prendida en mi habitación y estoy haciendo un secure shell hasta ella para copiar una foto de mi sobrino y no me responde, tendré que ir a ver que pasa.

    Listo, el sábado compilé una nueva versión de Xwindows y le partí el queso y lo dejé para después, por eso no se puede conectar con -X. Luego lo arreglo.

    Nuevas fotos.

    Santiago y su tio favorito.

    Mis padres felices con el nieto.

    Pánfila muy contenta sobre el refrigerador.

    Muy bien, ya caí en cuenta que necesito recortarme los pelos de la naríz. El sábado cumplo 43 años. Lo haré antes.

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    domingo, 07 noviembre 2004

    Losing my time, loosing my mind
    Ayer fue el bautizo de Santiago, mi sobrino, por eso no había escrito durante unos días. Tomé muchas fotos, pero esta vez preferí hacerlo con una cámara de 35mm. Mañana las revelaré.

    Las típicas primeras fotos.

    En los ultimos meses he pasado mucho tiempo en la casa. Prácticamente no he tenido contacto con personas fuera del estrecho círculo familiar y de amigos cercanos.

    Recluirse tiene ventajas, pero también enormes desventajas. Nunca había reflexionado acerca de eso que dan en llamar «habilidades sociales», pero en la reunión posterior al bautismo de Santiago cai en cuenta de algunas curiosiades. La primera es que tal cosa existe y, tal como un músculo, no ejercitarlo las atrofia.

    Los que me han tratado saben que tengo pánico al contacto. No puedo viajar en Metro cuando van llenos los vagones. Ni soñar en subir al transporte público. Los aeropuertos me horrorizan, simplemente no puedo con el temor de ser tocado en los transitados pasillos. El comedor de Nutrición me da pavor. Tanta gente moviéndose entre las mesas tan juntas...

    ¿Pueden imaginar el horror de un bautizo y el posterior desayuno? Tener que tomar fotos donde está la pila bautismal tan llena de gente. Tener que saludar a tanta gente. ¡Horror! A los cumpleaños de Santiago voy a ir en armadura.

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    miércoles, 03 noviembre 2004

    Recordando el futuro
    Hola a todos. Tuve severos problemas técnicos que me impidieron escribir por un buen rato.

    En todo este tiempo sufrí mucho porque se me ocurrían ideas acerca de que escribir, pero no podía hacerlo. Algunas las anoté en cualquier cantidad de materiales, otras las guardé en un archivo. La inmensa mayoría siguieron el derrotero de mis mejores ideas, el olvido perverso.

    De entre las segundas, las más fáciles de recordar, tomo hoy una noticia que me encantó. Al cine se va aunque sea camino al infierno, como lo demuestran los de la «Mexicaine de perforation». Por favor lean los dos articulos de The Guardian del ocho y once de septiembre.

    Por supuesto en la red hay un montón más de referencias, quizá la más interesante sea «Mexicaine de perforation» porque presenta una lista de las proyecciones que allí se hicieron. Debe de ser extraordinario ver Eraserhead en esas condiciones. Es más, tengo que verla en esas condiciones.


    Bueno, es todo por hoy. Hasta que no agarre el paso de nuevo me iré despacio.

    No, no pienso comentar nada sobre las elecciones en el Garbanzo.

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    martes, 17 agosto 2004

    Astral Man
    Bueno, pues hoy no se pudo el cambio de Tupelo, será mañana. Sin embargo, cada día tiene un buen detalle. El de hoy es que por casualidad escuché un par de discos que hacía mucho que no lo hacía y que son realmente estupendos: Live in New York y More Live Nektar in New York, de Nektar, por supuesto.

    No encontré el Down to Earth, pero igual y mañana cae. No se pueden esconder tan bien los CDs ¿no? De todas maneras aún tengo el acetato, así que mañana comienzo el día con Down to Earth de Nektar. ¡Tiemblen vecinos!

    La banda tiene un sitio oficial y acabo de ver que se pasan a la moda de los SACD 5.1. Cómo odio eso de que cuando uno cree que ya poseé la mejor tecnología disponible para escuchar música como se debe, van y salen con otra mejora. Bueno, ni modo, agua y ajo. Habrá que hacerse de un aparatejo de esos o asaltar al Esteban(dido), que ya tiene uno.

    Por cierto que Nektar y el Grateful Dead, son material estrictamente psicodélico. Menores de cuarenta absténganse. De todas maneras, no lo entenderían.

    Echándole más leña al fuego, veo en la página de Jerry García que sus herederos acaban de soltar dos «cajitas felices» con grabaciones viejas y nuevas. Rayos y centellas, tengo que buscarme un trabajo mejor pagado pronto.

    Es mejor que deje de visitar los sitios de músicos favoritos. Aún no he comprado «The Lifehouse Chronicles» de Pete Townshend y cada vez que lo recuerdo me duele.

    Hace días que quiero escribir acerca de esos encuentros afortunados que resultan no serlo. Ya saben, cuando uno piensa «mira que bien, ahí viene fulanito (o sutanita)» y horas más tarde son los lamentos los que ocupan ese espacio que primero fue de la sorpresa y luego del desencanto. Pero no sé ni por dónde empezar. Quizá recurrir al tan gastado «Hace días que quiero escribir acerca...» Pero sería deshonesto ¿no?

    Es mejor esperar a que sean las ideas las que guien a las palabras.

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    lunes, 16 agosto 2004

    Kindhearted woman blues
    Sacabó. Esunecho. Tupelo se va. Corrió memtest86 por 36 horas y no marcó ni un sólo error. En las últimas semanas ni siquiera había aguantado tanto tiempo prendida. Hoy en la mañana me tenía muy felíz y la levanté revisando todos los discos. Son tres, de 80 GB, 120 GB y 160 GB. No marcó error del filesystem en ninguno. Sin embargo, al mover un archivo de 400 MB de un disco a otro, se rebuteó. Probé varias veces más haciendo exáctamente lo mismo y en cada una de ellas el resultado fue el mismo.

    Es un motherboard MSI. En las pocas máquinas que usado con motherboards de esa marca, invariablemente hay un problema con los accesos a disco duro. Por lo general, si tienen dos o más discos, el copiar de uno a otro es brutalmente lento. En mi caso, es más rápido copiar de Tupelo a Caserola que entre discos en Tupelo. Lo mismo pasa al copiar de CD a disco duro. Antes de que lo mencionen, por supuesto que he explorado todas las combinaciones sobre el bus IDE y he jugado extensivamente con hdparm.

    Pero bueno, mañana se va.

    En otro orden de ideas, llevaba ya un buen rato sin recortarme la barba. Después de los pleitos con Tupelo, de repente la agarré contra la barba y fuí y la recorté. Las obligadas antes y después:


    Antes

    Después

    Así con el bigote corto, desde mañana me voy a hinchar a tomar sopa y beber atole. ¡Nunca más otra gota delatora en la camiseta! ¡Que vivan los bigotes cortos y las quesadillas potosinas!

    Como comprenderán los que saben de los dolores de tener una máquina poco fiable, no he leído correo en cientos de años y cada que veo cuánto es el que hay pendiente, me siento desmayar. Pero mañana queda resuelto ese problema, de nuevo gracias a mi amigo Fredo y a su estupenda compañía Origen de sistemas, S. A. de C. V.

    Bueno, después de recortarme la barba, tengo que bañarme. De lo contrario no seré capáz de dormir por la picazón.

    Uenasoches.

    P.D. ¿No hay algo raro en el par de fotos que puse? No sé, quizá...

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    domingo, 08 agosto 2004

    Poetic Champions Compose
    Dejé pasar mucho tiempo, no tenía ganas de escribir nada. Ideas y material para escribir, sobran.

    Algunos se preguntarán cómo me fue con el «médico» en Zacatecas, bueno, tal como todo indicaba, es un fraude más.

    El viaje en sí tiene detalles suficientemente inquietantes como para escribir acerca de él, pero no lo haré.

    ¿De qué escribir entonces? Bueno, algo terriblemente excitante me ocurrió ayer. Como todos los días de éste joven mes, revisé la URL de Cinemex Altavista. Desde que lo cerraron para reformarlo, sólo fui unas cuantas veces al cine. Eso no era vida. Ayer finalmente lo reabrieron. Tanta fué mi alegría que salí corriendo a ver la primera película que empezara. Claro, al cine se va a descubrir, no a seguir un plan meticuloso. Lo único que me detiene ante el «me dá un boleto para la siguiente función» es si ya vi la película y no me gustó lo suficiente para repetir.

    Para que te guste el buen cine, tienes que ver mal cine también. Es un proceso de selección natural. Para encontrar un buen vino tienes que descorchar muchas botellas. Algunos días al año son muy buenos porque la mayoría son mediocres.

    Ví «Un día sin mexicanos». Ey, es entretenida y tiene buenos puntos. Quizá no me gustó mucho porque no me gustaron los nuevos asientos del cine y porque estaba muy lleno y porque el tipo a mi izquierda se la pasó engulliendo de las porquerías apestosas que venden en la «fuente de sodas» del cine. Al primer descanso que tomó de la tragada, para reírse estridentemente de alguna tontería que su mente simple encontró divertida, caí en cuenta que no sólo apestaba la comida: la boca de ese tipo habría sacado a Saddam Hussein de Irak. ¡Vírgen Santísima! ¡Qué asco! El resto de la película la ví con un pañuelo cubriéndome las narices. La otra opción era salir sin terminar de ver la película, porque el cine estaba a reventar y no podría sentarme en otro lugar.

    Que me sirva de experiencia, no vuelvo a ir al cine antes de las diez de la noche.

    Pero bueno, lo realmente excitante que me ocurrió ayer no fué precisamente la ida al cine, aunque está directamente relacionado con el hecho.

    Salí del cine poco antes de las nueve y media, así que me dió tiempo de pasar a dar una repasada a las novedades en Tower Records. Ví una película de Truffaut que me interesó y que pensaba adquirir, pero que dejé en el estante. Costumbre tan precavida, me sirve para ir sopesándo que tanto interés tengo en la adquisición mientras termino de recorrer la tienda.

    Revisé lo de siempre. Ver si no hay discos nuevos de mis compositores favoritos Terry Riley y Steve Reich, o de Bang in a Can y Kronos Quartet que algunas veces los intrepretan. Luego grupos, Real de Catorce, Grateful Dead, etc. Alguna grabación oculta que hayan resucitado de Jimi Hendrix, Stevie Ray Vaughan, Frank Zappa o del gran Jerry García, nada. Luego la curiosidad eterna por ver si hay algún disco de mis músicos favoritos que no tengo: Joni Mitchell, nada nuevo... larga lista... De repente, agazapado y esperándome el Poetic Champions Compose de Van Morrison. Se me prendió al cuello y me susurró al oido: «llévame... lléeeevame...». Hace años se lo presté a una persona que desapareció con él y no había podido reemplazarlo. Fué magnífico poder hacerlo, porque además es una nueva edición tomada del máster original y vuelta a mezclar. El sonido es estupendo, la música es celestial.

    Por lo general, escucho un disco y antes de que vuelva a escucharlo pasan meses. No puedo oir lo mismo varias veces seguidas, me repugna. Muy pocas veces me ocurre que en el mismo día escuche dos veces el mismo, pero de ayer a hoy he escuchado tres veces éste disco. Es grandioso.

    Hoy ví «The Dreamers» de Bertolucci. Desde el inicio, con los primeros acordes de Third Stone from the Sun de Hendrix, supe que me encantaría la película. Cuando aparece Truffaut en pantalla decidí que tendría que verla varias veces. Estupenda. Ocurre durante las revueltas en París en 1968 y, por supuesto, emplean música de la época. Es magnífico escuchar de nuevo Janis Joplin, Jerry García, Steve Miller, The Doors y, mejor aún, a Hendrix a buen volúmen en un cine. Incluso en una escena usan de fondo el tema de «Los cuatrocientos golpes» de Truffaut, y las referencias a él continúan durante toda la película. Salí extasiado del cine. Además, la actríz principal, Eva Green, es guapísima.

    Fui a la función de las diez y media de la noche y solo, como se deber de ir al cine. La sala casi vacía, mejor aún. Sin embargo, me incomodó un poco el olor de los asientos. Cada vez me convenzo más de que dejar de fumar fué un error. Recuperé el olfato, en una ciudad que huele a mierda y además gané unos veinte kilos. No sé porqué dejé de fumar.

    Bueno, el caso es que me senté en la primera fila, como siempre, y en una de las primeras escenas hacen una mención directa a eso. También extrañé el ambiente de los cineclubes universitarios, donde se podía fumar en el interior de la sala, durante la película.

    Revisándo unas tonterías por ahí, pasé por la página de Juantomás y ví las fotos de cuando fuimos invitados al Maratón Linux en Argentina y al Congreso de HispaLinux en Madrid en el 2000. Están en la página de fotos de Juantomás. Hay una en la que Ismael Olea y yo bailamos tango, pero que quede claro que lo hacemos como hombres.

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    miércoles, 28 julio 2004

    Went to see the witch doctor
    Aciagos días. Los errores en Tupelo se incrementaron hacía el final de la semana pasada. Como si fuera por ósmosis, Caserola, se pasmó un par de veces. La diferencia, claro, es que Tupelo se rebutea sin más y Caserola alcanza a escribir en el «log»:

    caserola kernel: CPU 0: Machine Check Exception: 0000000000000004
    

    Básicamente es un error en el procesador. El domingo la destapé para darle una limpieza y ver si había algo anormal. Claro que lo había. El ventilador del CPU se murió y estaba detenido generando aún más calor sobre el CPU. Ayer compré algunos ventiladores y me pasé el día reparando las máquinas. No pude conseguir un reemplazo para el ventilador del procesador, que es de esos que vienen dentro de una cápsula, así que, por mientras, le instalé al gabinete dos ventiladores pequeños y uno mediano en la parte de atrás para que, junto con el ventilador grande que está al frente, se forme una corriente de aire que pase sobre el procesador. Se ha estado comportando bastante bien.

    También destapé Tupelo y encontré que el ventilador de la tarjeta de video también está descompuesto. No tenía un ventilador del mismo tamaño, pero sí uno un poco más grande que le puse provisionalmente. La limpié concienzudamente, verifiqué que los otros tres ventiladores funcionaran correctamente y la prendí. Se me había olvidado conectar dos discos duros. Siempre antes de cerrar las máquinas verifico que todos los conectores estén correctamente puestos, ayer simplemente estaba pensando en otra cosa y sólo dejé conectados el disco de boot y el quemador de CD, que están en buses independientes.

    Volvía a desarmarla y armarla, revisando de nuevo todo. La prendí y jaló estupendamente. De hecho, lo hizo hasta hace unos minutos. La tuve a prueba pensando que podría ser el sobre calentamiento de la tarjeta de video la causa, y arranqué simultáneamente varias aplicaciones, corrí «queries» muy pesados sobre el manejador de la base de datos y al mismo tiempo que veía unos videos. Una maravilla, como cuando no daba lata. Pensé que se habían acabado todos los problemas.

    La dejé funcionando todo el día corriendo unos cálculos. Para cuando regresé, seguía perfecta, yo no cabía en mí de felicidad. Aventuré algunas pruebas sólo por no dejar y todo perfecto.

    Pero entonces, cuando pensé que ya no había vuelta de hoja, cerré aplicaciones, detuve cálculos y me puse a revisar los periódicos europeos y ¡pám! Se rebuteó de nuevo. De inmediato la apagué, espere algunos minutos, en lo que escribía algunas de éstas líneas y la acabo de prender de nuevo y poco después de entrar en sesión, al ir cargando metacity, se rebuteó. En el «log» no queda ningún rastro. Debe de ser algún problema de hardware severo. Estoy realmente molesto. Tengo que reemplazar esa máquina de inmediato. Pero no tengo, digámoslo de ésta manera, «la suficiencia económica necesaria» en este momento.

    Bueno, hace varios días que quería escribir algunas ideas que he ido dejando de lado, pero creo que hoy tampoco será ese día. Y durante casi una semana tampoco lo será. Mañana me voy a un lugar en el estado de Zacatecas a ver a un médico naturista y regresaré hasta la próxima semana. Me llevo a «Peregrina», la laptop, pero no creo poder tener acceso a la red. Quizá tampoco a energía eléctrica, pero por lo menos me distraeré viendo el monitor apagado.

    Cuando se ha vivido casi toda la vida cercano a la ciencia, y en particular los últimos meses visitando a varios médicos y trabajando en un hospital, es difícil aceptar una proposición como esta. Incluso ayer no estaba del todo seguro. Pero el dolor y la impotencia que causan el sentirse apabullado por los anteriormente pequeños esfuerzos que son el emplear un desarmador y extraer a mano limpia algunas componentes, me terminó de convencer.

    Así es. Así tan simple. Girar un desarmador, presionar una tapa, estirar los dedos para alcanzar el tornillo que se depositó entre cables, todo eso causa molestias y dolor.

    Subir la compra del auto al departamento, en un segundo piso, era una acción ejecutada sin pensar. Vivo sólo desde hace casi diez años, no consumo mucho. Sin embargo, ahora el subir la compra es un acto calculado. No puedo cargar mucho peso en las manos. Me ayudo de una gran bolsa de lona que cargo a la espalda y aún así, he de hacer un par de vueltas. Está demás decir que mis idas al súper son más frecuentes y no sólo voy calculando lo que llevo gastado sino el peso y volumen totales de lo que llevo en el carrito.

    Esas son las cosas que me han ayudado a tomar ésta determinación.

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    domingo, 25 julio 2004

    Día da Patria Galega
    El clamor de los neoliberales es unánime: hay demasiada gente. ¿Fracasa el neoliberalismo en Chile? Hay demasiada gente. El capitalismo no es viable, porque la economía no puede crecer sin límites, la culpa es de que hay demasiada gente. En el fondo el problema es la gente que aún vive fuera del modelo. Lectura obligada

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    viernes, 23 julio 2004

    Amigo del Diablo
    Tengo que acostumbrarme de nuevo a anotar las cosas de inmediato. Hoy mientras iba en el auto al hospital se me ocurrió una manera ingeniosísima de resolver un problema que tuve ayer. Ya cerca del hospital me distraje por la lluvia y comencé a divagar en otras cosas. Llegué a mi escritorio, estaba el Callao sentado frente a él y platicamos de alguna tontería. Cuando me puse a escribir el código para la parte que me falta, no pude recordar para nada lo que había pensado.

    Las mentes sagaces dirán: «Cómo se le ocurre a ese loco que podría ir escribiendo y manejando simultáneamente, por el periférico». Buen punto. Pero es que en realidad no sólo tomo notas por escrito, también me valgo de una pequeña grabadora a pilas. Y a veces también de las famosas «notas mentales», que últimamente me están resultando tan útiles como escribirlas en la mano, asumiendo que uno vive en el trópico.

    El caso es que he dejado de usar la útil grabadora porque toda la logística que involucra tener baterías a la mano o un cargador, etiquetar las cassettes y además tener un bolsillo de la chamarra dedicado a toda la parafernalia, terminó por aburrirme. Llegué a considerar usar pantalones de los denominados «cargo» o un chaleco de fotógrafo, pero me pareció excesivo. Traer todo en la mochila ha provado ser ineficáz, porque me ocurre lo que a las mujeres que salen con la casa en la bolsa de mano y para sacar las llaves o el mechero terminan volteando la bolsa para vaciarla. Demasiado complicado todo.

    Los «PDA» no me sirven de mucho, porque mi memoria es más bien gráfica. Recuerdo cosas por cómo las escribí, por ejemplo, si al anotar un nombre escribí la inicial con florituras. O también por en qué lugar de la página lo escribí, o la orientación, o el color de la tinta, o los espacios que se formaron rodeando la anotación, o si se rompió el balance de la página por el garabato con el que subrayé algo. Pero es, definitivamente, por el orden cronológico por lo que amo las libretas. Eso es algo que les falta a los «PDAs». Me explico, cuando tomo la libretita y la abro en cualquier página para buscar algo, de inmediato me ubico en el tiempo en el contexto de las anotaciones: «esto lo anoté tal día, en el consultorio del dentista, lo que busco ocurrió unos días después, en el pasillo de los cereales en el súper». Esto es algo que los «PDAs» jamás tendrán.

    La libretita de bolsillo y el bolígrafo prendido a ella, de eso si que no me separo.

    Algo muy raro pasó mientras que terminaba de redondear una frase en el penúltimo párrafo. Caserola se pasmó. Caserola es el paradígma de la fidelidad en «hardware». Algo muy raro está pasando en ésta casa.

    Iba a continuar el hilo de tomar notas y con algunas anécdotas interesantes que me han pasado, pero tengo que revisar que está pasando con mis máquinas. Por hoy se interrumpe la transmisión.

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    miércoles, 21 julio 2004

    Como la lluvia
    Bueno, bueno, hay que detener esto de dejar de escribir por tanto tiempo. Tampoco es que pueda escribir todos los días, pero por lo menos no dejar pasar tanto tiempo.

    Me acaba de escribir «Larry» por lo de la reunión de Piratec y me sabe mal no publicar las fotos de la reunión, aunque tomé pocas y sólo la primera con flash porque se me agotaron las pilas de la cámara. Helas aquí: Reunión de Piratec.

    En estas otras puede verse que en mi lugar de trabajo tenemos nuestra propia versión de los Sims: El lugar de trabajo de los Sims. Las fotos no las tomé yo, y sí, de nuevo se agotaron las pilas, por eso la ausencia de flash y el tomar las últimas en tonos de gris.

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    martes, 13 julio 2004

    Thin line between love and hate
    Se preguntarán por qué los he mandado reunir hoy a todos aquí... Pues resulta que el jueves pasado el monitor que he tenido por los últimos seis años decidió expirar. A ver, explico el tinglado. Tengo cuatro PCs que uso con frecuencia, pero con un sólo teclado, un sólo roedor y un sólo monitor. Y claro, una caja que conmuta teclado, roedor y monitor entre las máquinas.

    Recapitulando, mi monitor y yo fuimos muy felices por mucho tiempo. Había estado perdiendo la compostura las últimas semanas. La imagen «bailaba», el brillo variaba, etc. El jueves fue otra cosa. De repente hizo «psst, pssst» y murió. Creo que quiso llamar mi atención, aunque el bien sabía que mi mirada estaba siempre sobre de él.

    En todos estos años sólo una vez estubo enfermo y yo se lo achaco a que a Clotilde le encantaba acostarse sobre de él.


    Tal que así se pone Clotilde

    Claro, se veía tan bien que nunca le dije nada. Hasta el día en que el señor monitor se descompuso y «El Callao» me lo arregló. Estaba a punto de terminar la tipografía de un libro y afortunadamente Max de Mendizábal me prestó un monitor en lo que «El Callao» reparaba el mío. Qué bueno es tener tan buenos amigos. Como Fredo, que hoy «me hizo el mega-paro» en la compra de un nuevo monitor, uno de 19 pulgadas. ¡Yíiiiija! Ahora sí, a ver de todo.

    Lo único malo es que Tupelo se quedó prendida desde el jueves, porque no quería detener una aplicación que estaba corriendo, y al conectar el nuevo monitor se sincronizó bien y continuó funcionando. Pero claro, eso de que estaba jalando desde el jueves ya me hacía sospechar que algo iba a pasar. Por supuesto se «rebooteo» en el peor momento, cuando estaba moviendo archivos de un disco a otro. Al levantar, claro que hubo inconsistencias en el file system. Esto no puede seguir así. El motherboard de Tupelo será reemplazado pronto.

    ¿Qué hice en estos días? Nada. Sin poder interactuar con una computadora no soy capáz de hacer nada. Bueno, el viernes vi al Esteban(dido) y el sábado a Daniel. El domingo comí en casa de mi hermano. Las películas vistas en estos días fueron: «Intolerancia» de D. W. Griffith (da como para escribir mil palabras); «Platoon» de Oliverio Piedra, que cuando se estrenó me provocó repulsión; un bodrio que se llama «Blast from the past», pero Alicia Silverstone está bien chulita así que no pude evitarlo.

    Compré nuevo material. Entre las destacadas: «Amanece, que no es poco» de José Luis Cuerda; «Japón» de Carlos Reygadas; «Raising Arizona» de los hermanos Coen y «Night of the Living Death» de George A. Romero y «Carnival of Souls» de Herk Harvey en el mismo DVD.

    De las dos últimas, la primera tiene fama de ser una de las películas que causa más terror. Para mí, es la segunda. La ví hace varios años en la televisión y no me podía despegar ni apagarla, pero estaba aterrorizado por completo. No voy a ser capáz de verlo solo.

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    jueves, 08 julio 2004

    Mientras no estabas...
    Ayer fui al oftalmólogo. Dice que no necesitaré lentes en por lo menos otro año. Eso ya lo sabía. Luego me tomó la presión ocular. Tengo 14 unidades de algo, lo cual es buenísimo. No hay peligro de glaucoma. Bien por la medicina preventiva. Me tiñió la córnea, me revisó «el segmento anterior» y el fondo del ojo. Yo, con los pantalones puestos, aclaro. Parece ser que no hay peligro de toxicidad por el medicamento que me aplican por la artritis.

    O sea, digamos esto en cristiano, el tratamiento que sigo por la atritis puede alterarme los ojos. Bien, muy bien. Dejar de tocar la guitarra, que es algo que había hecho por más de treinta años no es suficiente, también puedo quedar ciego. Ssstupendo.

    Bueno, en realidad ya puedo tocar otra vez, pero no por mucho tiempo ni nada complicado. Ahora lo que no puedo hacer es estirar el brazo derecho por completo ni agarrar cosas pesadas con la mano derecha. Tampoco puedo comer nada que empiece con la letra «V» ni pronunciar palabras como «farfullo», pero eso es porque me gana la risa.

    Saliendo del consultorio, a unas cuatro o cinco cuadras de la casa, pasé por un Sanborns a revistear. Sana costumbre. Agarra uno una revista de esas de literatura con un nombre rimbombante y en lo que se hace como que se la lee, ojea uno el muestrario de bikinis que siempre anda por la sección de deportes. También se presta atención a las bellas damiselas que quedan de verse con algún afortunado en la sección de revistas.

    Está bien, me avergüenza confesarlo: realmente examino esas revistas sesudas de literatura. Pero por lo general las hojeo1 y rara vez las compro. Cuando no son extremadamente pedantes, son extremadamente aburridas. En una mayor parte, por supuesto, porque por lo general también tienen algún articulo o nota o reseña que valen la pena.

    El caso es que salí de la tienda con el Scientific American que habla de cómo permanecer joven y con una revista que se llama «algarabía». Por supuesto que las pagué. Hace años que no hago uso de mi «beca literaria Sanborns». Aunque debería.

    ¿Por qué compré la segunda revista? Pues porque tiene un artículo sobre el gran Jorge Ibargüengoitia y uno de sus ensayos para el periódico Excelsior.

    En la página final del artículo, como viñeta viene este refrán: «El que no conoce a Dios a cualquier barbón se le hinca.» Totalmente cierto. Pero también las viejas beatas. Lo juro. Una vez iba yo en mi «Mancherati» y en un alto, una señora que iba pasando la calle se me quedó viendo y se me acerco, se persignó y me dijo «eres Jesús ¿verdad?». Por supuesto que lo que pensé es que se refería a un Jesús que ella conocía, pero me asustó tanto por la forma como me veía, como torciéndo la cara y abriendo los ojos para pedir perdón que aceleré a tope. A mi amigo Víctor Soler, saliendo de una cantina, un teporocho se tiró al piso delante de él llorando y gimiendo «ya no vuelvo a tomar, te lo juro Chuchito».

    También tiene un artículo buenísimo, dedicado a esos periódicos que acostumbran «cabecear» destrozando la gramática estructural y que tanta gracia nos hacen. Por ejemplo: «Deja Sahagún carta a Santa». No, espera, esa me hizo reir por otra razón. Más bien: «Abandona suerte a los billeteros». Sujeto, verbo y predicado. Toda la primaria a uno se lo repiten y repiten para que aprenda a redactar correctamente y ¿qué pasa? Nomás sale uno de la escuela y lo primero que ve en un puesto de periódicos, en letras grandotas además, es que hay gente a la que le pagan por alterar el orden: verbo, sujeto y predicado como en el ejemplo anterior, o en uno completamente incomprensible como este: «Pide a Fox desistirse congreso queretano».

    Páginas adelante, un artículo sobre las expresiones con palabras olvidadas, buenísimo. Nunca entendí a que se refería la frase «se fue hecha la mocha». Las mochas, o católicas exacerbadas, en cuanto pecan en lo más mínimo van corriendo a confesarse, es decir, se van rapidísimo. Ahora bien, nunca he entendido qué quiere decir la frase «le agarró la mano el chango», pero esta no viene explicada.

    Otros artículos que me gustaron mucho son uno que habla del art nouveau, otro estupendo sobre Allen Koningsberg, a quien todos conocemos como Woody Allen, el célebre autor de la frase «Las mujeres más lindas resultan casi siempre las más aburridas, y ésa es la causa de que muchas personas no crean en Dios.»2 y un gran artículo titulado «Palabrotas» que habla, adivinaron, de las palabras grandes.

    En fin, me gustó la revista. Buen diseño, buen contenido, muy buenas tipografía e ilustraciones. Tal parece que la oftalmóloga me haya dicho: «Ve usted muy bien. Ála, vaya a leer por ahí».

    Además una sóla revista me dió pie para escribir más de ochocientas palabras...


    1  Que se note que he escrito primero «ojeo» para referirme a que le estaba echando el ojo a unas modelos en bikini y después he escrito «hojeo» porque estaba pasando las hojas de una revista.
    2  Me va a llover, ¡cómo me va a llover!

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    martes, 06 julio 2004

    Amicus usque ad aras
    Hoy es un día triste. El viernes pasado falleció el Dr. Alberto Barajas Celis. Todos los matemáticos en este país que tomaron clase con él son fervientes testigos de cuán excelsas eran sus clases.

    Hace un par de semanas unos alumnos me pedían que les recomendara buenos maestros y, aunque la facultad aún tiene excelentes maestros, forzosamente tuve que pensar primero en las clases con el Dr. Barajas.

    Varias veces oí a algún compañero confesar que en los momentos en que estuvo a punto de abandonar la carrera, bastó la presencia del Dr. Barajas o una de sus magistrales pláticas para animarle a continuar.

    Creo que el recuerdo más hermoso que tengo de él es que una vez después de clase un compañero le preguntó si no se sentía desilusionado por el estado en el que se encontraba la Facultad de Ciencias, toda pintarrajeada y con paros cada dos por tres y con los alumnos más interesados en la política que en la ciencia. Su respuesta fue tan respetuosa como siempre y básicamente lo que nos dijo es que se sentía muy orgulloso de los alumnos de la facultad, porque lo peor que se puede ser, es ser conformista.

    Hoy no es un buen día.

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    domingo, 04 julio 2004

    Mambo Chillun
    Desgraciadamente el diagnóstico, el esfuerzo y la buena intención fueron inútiles. Tupelo sigue rebuteándose cada dos por tres. Es una decisión difícil y dolorosa. Tupelo será reemplazada. Claro que es un poco ridículo decirlo de esta manera, porque a final de cuentas sólo reemplazaré motherboard, procesador y memoria. Las tarjetas y los discos pasarán a la nueva máquina que estará alojada en el mismo gabinete en el que está Tupelo ahora. Salvo, claro está, que consiga el mítico gabinete plano por completo que me permita pintarlo tal como quiero.

    La fuente que reemplacé la dejé sobre la mesa en la que como, destapada mostrando el polvo y la pelusa de varios años de estar cerrada jalando aire por una ranura casi ininterrumpidamente. Bueno, pues ayer cuando vino la Sra. Suzy ---quién me ayuda aseando el departamento--- por alguna razón que no comprendo, decidió que esa fuente no podía estar así de mugrosa y la limpió por completo. Cuando la ví no pude evitar reírme imaginándome lo que que pensaba: «No sé como el joven puede tener una fuente de potencia tan cochina, que vergüenza, la voy a limpiar muy bien».

    En cuanto al reemplazo de Tupelo, es en cierto modo angustiante, porque nunca me he deshecho de máquinas, siempre termino encontrándoles un uso, pero en éste caso será inevitable. Nunca llegamos a tener baraka.

    Estas ruinas que ves

    Ayer hubo una reunión de Piratec. Si usted nunca oyó hablar de esto o nunca tuvo un disco de «Inutilerías» o nunca leyó el «PTC Journal», es más, si no sabe quién es Jaime Ballesteros, entonces no podrá comprender la importancia del asunto.

    Sólo hubo dos miembros del Kernel original. Del resto se sabe que uno vive en Tijuana, otro continúa en su guarida favorita: la casa de sus padres, y otro cria a sus hijos en una casa en la salida a Cuernavaca.

    La última de las reuniones a la que asistí fue una un par de meses antes de las elecciones presidenciales de 1994, así para mí al menos, fue retroceder diez años en el tiempo.

    Por supuesto hubo fotos, pero no las puedo mostrar. Por sigilo y por pudor. Puedo decir que, por ésta vez no nos reunimos en la sede de Zagrev, sino en la Ciudad de México, pero no puedo ser más específico.

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    jueves, 01 julio 2004

    Por nadie mas
    Comida en casa de Adrian Kornhauser. Estuvimos Victor Hugo, Daniel Kornhauser, Adrian y yo. Comimos de las exquisitas pizzas de «La Posta» y degustamos un vino joven de Paternina. El postre fue un pay de mamey y bebimos café.

    Se fué la luz un par de veces y en la segunda una de las máquinas de Adrian se apagó, pese al no-break. Rápidamente la abrió y aparentemente la fuente prendía erráticamente.

    Aprovechando la cercanía y conveniencia de una tienda sobre Miguel Angel de Quevedo fuimos a comprar una fuente nueva. Aproveché y compré otra pensando que las súbitas rebuteadas1 de Giga podrían deberse a una fuente defectuosa.

    Al salir de la tienda comenzó a llover y nos reímos del absurdo de tener que proteger nuestras fuentes de la lluvia. «Hay que evitar a toda costa que se nos mojen las fuentes».

    De vuelta en casa de nuestro huésped, en un periquete armó la máquina con la nueva fuente y reinició sin mayor problema. Pongo énfasis en esto porque Adrian es biólogo.

    Departimos, «grillamos» y arreglamos el mundo a gusto. El llegar de las nueve de la noche fue el momento de decidirnos a partir.

    Llegué a la casa, preparé una frugal2 cena y vi el noticiero. Al terminar, decidí ver cómo iba Giga que hoy quedó prendida desde la mañana. Seguía prendida y aparentemente en calma. Entonces pensé «bueno, qué flojera cambiarle la fuente. Mientras aguante prendida, voy dejarla así.» Y mientras leía los periódicos europeos, se «rebuteó». Llegó el momento.

    ¡Ups! No es bueno mezclar problemas antes de solucionarlos. Al rearmar Giga decidí darle otra oportunidad a algo que ya había determinado que falla. Va para atrás el cambio...

    Nueva armada, la inicio y el SO decide que como uno de los discos ya ha sido montado veintisiete veces sin ser revisado, que ya le toca. Ese es precisamente el infierno del que pretendía huir cuando actualicé todas las máquinas a ext3. ¿Tienen idea de cuánto toma revisar un disco de 120 GB al que le quedan aproximadamente dos GB libres? Pues mucho tiempo. Ahora sí, como decía Kalimán: «Paciencia, serenidad y paciencia, mi joven compañero Solín». Sólo espero que no pase lo mismo con el disco grande.

    Esta espera forzosa es una buena oportunidad para revisar una de las pocas supersticiones que tengo. Desde muy pequeño he tenido la convicción de que las cosas nos corresponden. Es decir, si uno se porta bien con un objeto, éste será bueno con nosotros. Hace muchos años, en una galaxia muy lejana, se me dió por leer a Robert Graves, sobre todo la poesía. En alguna de sus obras leí que precisamente para éste fenómeno kármico entre los objetos y yo, la cultura árabe tiene un término que lo describe: «Baraka». Por cierto que luego de varios años decidí buscar la referencia de nuevo. Estaba convencido que lo había leído en «La Diosa Afrodita» y al releerla encontré un pasaje buenísimo, que tengo que citar:

    En el nombre del Profeta, huevos.
                                              Voces de un vendedor de huevos turco.

    En fin, que no he encontrado la referencia aún, pero es del concepto y no del término de lo que quiero hablar hoy.

    Hay baraka, cuando un objeto y una persona se corresponden en bondad. Por ejemplo mi primer «Mancherati» y yo teníamos baraka. Era un Valiant modelo 1964, muy querido por mí por su nobleza. Lo tuve entre 1986 y 1989. Todas las veces que se descompuso, que tampoco fueron pocas, lo hizo al salir de la casa en días que no tenía prisa, o al llegar a la casa, o enfrente de un taller mecánico. Mi vehículo actual, el «Mancherati II», y yo, también tenemos baraka. También tuve baraka con una guitarra que tuve mientras estuve en la prepa. Siempre sonó estupenda y hasta el último de mis días me arrepentiré de haberla vendido.

    Con mis máquinas también tengo baraka. Con la fiel Breogán. Con la impactantemente confiable Caserola, desde la que escribo y en la que se hospeda este blog. Con Genoveva, que aún es mi favorita para hacer música ---y ruidos, cuando las musas no me son favorables---. Con las míticas ZootAllures y Ladrillo, que están entre las más viejas. En un menor grado con Peregrina, la laptop, por ser tan relativamente reciente y con Charros, porque nunca ha tenido una personalidad definida y experimento sistemas operativos con ella. Quedan, una desarmada que no ha sido «buteada» en varios años y que nunca tuvo nombre y Giga.

    Giga es un caso por completo aparte. Cuando la armé era un maquinón. El procesador es un Pentium III a un giga Hertz. Tenía un giga y medio de RAM y doscientos gigas de disco duro (uno de ochenta y otro de ciento veinte). Ya saben por donde va el asunto, ¿no?

    Así es, le puse Giga porque no se me ocurrió otro nombre y rompí una regla, que era ponerle a las máquinas un nombre especial. Las máquinas de La Jornada que instalé y usaba, se llamaban como los hijos de Frank Zappa: MoonUnit (por Moon Unit Two), Dweezil, Ameht y Diva (por Diva Muffin), en honor al gran músico y defensor del derecho de expresión3.

    Quizá todos los problemas que he tenido con Giga se deban a que comenzamos mal. La di un nombre al aventón y sin significado emocional. Es por eso, que hoy, en un intento de recomponer nuestra relación he decidido nombrarla con base en el título de una de las mejores canciones de Van Morrison, Tupelo Honey. Desde hoy se llamará Tupelo.


    1  Lea la entrada del día anterior y comprenderá porqué digo lo que digo.
    2  Está bien, lo admito, me atasqué como siempre. Ésta panza no está llena de aire.
    3  ZootAllures es de la época y también recibió el nombre por mi afición Zappatista.

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    lunes, 28 junio 2004

    Dormir en la cama del Diablo
    En las últimas semanas la máquina más rápida que tengo, y por ende en la que más trabajo, se ha estado rebuteando1 sin razón aparente. Estos dos días tuvo una carga de trabajo mas alta de la usual y hace media hora volvió a rebutearse. No sé si tenga que ver, pero sería demasiada coincidencia de no ser así, que ha ocurrido cuando estoy haciendo trabajo pesado sobre PostgreSQL y en la partición de /var queda poco espacio.

    Lo curioso es que me la vivo en el borde de tener los discos duros llenos y no siempre pasa esto. Lo normal es que si la corrida2 provoca que se llene súbitamente el disco PostgreSQL termine graciosamente indicando esto y aquí no ha pasado nada.

    Lo terrible del asunto es que no hace mucho que perdí el disco con el depósito de emepetreses3 y en este momento estoy temblando con el pavor porque al levantar el sistema marcó errores severos en la partición /home y, de todas, esa es la que más duele.

    Bueno, ya están apareciendo los temibles Duplicate/bad block(s). Me espera una noche en vela.

    Uno se pone bien contento cuando baja de precio el MB y aparecen los discos más grandes. El disco que está revisando es de 120 GB, probablemente le tome unas tres o más horas revisar todo el sistema de archivos porque, como menciono tres párrafos atrás, siempre camino por los linderos del 98% de espacio ocupado.

    Faltan siete minutos para que de las cuatro de la mañana. Creo que no voy a esperar a que termine de revisar todo para volver a hacer las corridas. Necesito otra máquina más rápida y más confiable.


    En la tarde leí una parte del Proceso de la semana y no hay nada que me haya interesado. Algo malo está por ocurrir.

    Hablemos de banalidades. Me fuí al cine con mi hermano y su esposa. Vimos «Shrek 2» en las salas VIP de Perisur. Me reí como tonto con todos los diálogos del burro. El gato también está estupendo. Ya, es todo lo que puedo decir al respecto.

    Otra vez estoy escribiendo tonterías para hacer tiempo en lo que se recupera el disco. Dum-de-dum... it's time to get to work.

    Porca misseria. El índice de una de las carpetas de evolution bailó con la más fea. Problemas en el horizonte. Ya no quiero saber nada más de eso. Yamvoy a dormir. Uenasoches.


    1  Del verbo butear. Es comunmente usado donde debería de decir «iniciar la máquina» y, similarmente, rebutear por «reiniciar la máquina». En casos extremos se dice «dale un butazo», cuando lo que se quiere es que inicie y además escarmiente.

    2  Con perdón de los que me lean desde España, pero en México (influencia del vecino del norte, sin duda) cuando se procesa información estadística se dice que se está haciendo «una corrida sobre los datos». Ya sé que suena muy guarro el asunto, pero así se dice por acá.

    3  Dícese de los archivos de datos que interpretados por ciertos programas producen sonidos armóniosos. Ejemplo de uso: «Tá'güeno el disco de la Paulina, ya lo emepetresié».

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    sábado, 26 junio 2004

    Esa luz...
    Guau, ese rhythmbox está bien páique. Claro que está basado, por no decir que es una copia, de iTunes pero algo así era muy necesario en el software libre.

    Lo que no está nada bien son todas las dependencias que se deben de resolver para echarlo a volar en una versión viejilla del SO. Culpa de uno por ser un desastre y tener una versión tan vieja de algunas cosas. La pena es tener que esperar más de una hora a que compile el autonconf. Tengo la carga de la máquina en 3.55 y subiendo. Y apenas va en las pruebas. ¡Qué bonitas son las autotools!

    Al escribir esto son exáctamente las dos horas con dieciséis minutos de la mañana y no he visto ninguna película en aproximadamente las últimas veinticuatro horas. Algo muy extraño me ha de estar pasando porque, además, escribo los nombres de los números. Si me apuro a escribir las cuatrocientas (ahí voy de nuevo) palabras del día rápido, entonces e igual y veo alguna. ¿Cuál? Bueno, ejém, hace ya tiempo que no me he abastecido así que estoy recurriendo a las más viejas o a las que menos he visto en la colección, así que las candidatas se están volviendo poco apetecíbles. Y luego están las gentes que no me regresan las películas que les he prestado, error que no volveré a cometer.

    Se me antoja alguna de Hitchcock, aunque tengo pocas y me las se de memoria. Aún así me gusta pretender que no se en que escena sale el gordito Alfredo y finjo la sorpresa.

    Es más, ya se, quiero ver su última película «Family Plot», pero creo que la tengo en Beta. Quién sabe que tan mal se vea. Nota mental: mañana jugaré al Melate, el lunes me lo sacaré y el martes iré a completar la filmografía de Hitchcock en DVD. Esto no puede seguir así. Lo que sobre me lo gastaré en golosinas.

    La carga bajó a 2.43 (fíu, recuperé la capacidad de escribir dígitos) ¿terminará pronto la compilada de autoconf? (Versión 2.59 para los anales retentivos que les encanta llevar cuenta de esas cosas).

    Esto no está resultando. Hoy me sentí mal porque las últimas entradas en el blog han sido más bien parcas y crípticas, así que decidí regresar a la costumbre de escribir un mínimo de cuatrocientas1 palabras.

    El resultado de hoy me obliga a reconsiderar el criterio. Creo que a partir de mañana voy a dejar el hueco y que cada quién escriba lo que quiera.


    1  Por los Cuatrocientos Golpes de Truffaut, obviamente.

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    viernes, 25 junio 2004

    Coyote
    Todos tenemos, o todos deberíamos de tener, un recuerdo al cual aferrarnos cuando las cosas van mal. Es ese «lugar feliz» al que tanta mención se hace. El mío es un recuerdo muy temprano. Tenía entre cuatro y cinco años y mi madre me dijo que me regalaría un juguete. Entramos a una tienda y escogí un cochecito de cuerda.

    Estaba hecho de latón, con ruedas de goma y lo conducía el Pato Donald. Era tan gracioso Donald con un sombrero azul y una corbatita, tan orondo en el automóvil.

    Mi mejor recuerdo es ese, cuando estaba frente al aparador señalando el cochecito ví mi reflejo en el vidrio y después volteé la vista a mi madre que le dijo a la dependienta: «Sí, dele ese cochecito al niño».

    Me es imposible comprender porqué es un recuerdo feliz, así como porque cuando lo saco de la bolsa y lo examino me da tanta paz. Es indestructible.
    No regrets, Coyote
    I just get off up aways
    You just picked up a hitcher
    A prisoner of the white lines on the freeway

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    miércoles, 23 junio 2004

    Computatio pecunia est
    Los justos
    Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
    El que agradece que en la tierra haya música.
    El que descubre con placer una etimología.
    Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
    El ceramistas que premedita un color y una forma.
    El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
    Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
    El que acaricia a un animal dormido.
    El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
    El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
    El que prefiere que los otros tengan razón.
    Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.
    Jorge Luis Borges

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    sábado, 19 junio 2004

    Papa t'es plus dans l'coup
    Ayer comí algo que me cayó mal y hoy amanecí con nauseas y dolor de cabeza. No, no hay peligro de embarazo. El caso es que desde que desperté hasta pasadas las dos de la tarde me la pasé en la cama con la cabeza entre almohadas y la lengua adormecida por el sabor de las aspirinas.

    Todo el día como anestesiado con el dolor de cabeza pesándo. No pude leer, mucho menos salir de la casa o trabajar.

    Dormí por momentos todo el día. Hacía las siete de la tarde estaba harto de la molestia y del encierro. Revisé el cajón de los VHS y saqué aquellas que llevo más tiempo sin ver, «The French Connection», «Volere volare» y «Bilbao» de Bigas Luna.

    Amenizaron, cada una en su estilo, lo que pintaba para ser una velada infernal.

    Por lo mismo no leí los periódicos, bueno, no mucho más allá de los encabezados, los balazos y muy por encima las notas interesantes. Nunca se está lo suficientemente indispuesto para no enterarse de lo que pasa.

    La verdad es que leí varias notas acerca de lo de la Lotería y «Vamos México» y quiero aprovechar el medio para enviar un afectuoso saludo a todos los débiles mentales que pensaron que votando por la zorra se iban a terminar la corrupción y la prevaricación en éste país.

    La última nota que leí fue sobre un documento que presentó el GDF, literalmente:

    ...del 15 de marzo 2004 de un Tribunal Colegiado en el que se requería al Presidente de la República que conminara al Procurador General de la República para que, en un plazo de 24 horas, cumplieran una ejecutoria de amparo.

    Falta ver si el gobierno federal es tan respetuoso de la ley como dice, porque de no haber cumplido con el amparo, terminará con la separación del cargo y consignación ante un juez.

    También leí una nota sobre la demanda de improcedencia de los Contratos de Servicios Múltiples. Otro asunto que se va a poner buenísimo.

    Acabo de entrar a Orkut y tengo 91 mensajes esperando. Sestá poniendo insoportable, oyesss.

    Para terminar, la rola del día: «Keith don't go» de Nils Lofgren.

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    viernes, 18 junio 2004

    A whiter shade of pale
    Sin querer, es decir, sin la intención de que así sea, los firmes propósitos se van dejando en el cajón de las postergaciones. He querido escribir algo todas estas noches, incluso durante el día tomo notas mentales de las disquisiciones que se me presentan en cada oportunidad de disectar la realidad. Sin embargo, la noche se convierte en un adversario poderoso. El peso de la fatiga se vuelve insoportable... y queda tanto por hacer. Tanto correo por responder, tantos bugs por corregir, tantos features por integrar.

    En un principio la intención era escribir unas quinientas palabras diarias, meta que varias he superado, y honestamente no me cuesta ningún trabajo hacerlo, es sólo que a veces estoy demasiado cansado y tampoco tengo mucho que decir.

    Todos los días reviso cuanta gente lee este blog y tengo identificados a algunas personas que además lo hacen religiosamente a la misma hora. Se está convirtiendo en una gran responsabilidad.

    Hoy fue un día dedicado a la grilla. No es que me guste, es que más bien es necesario hacerlo.

    Después de dar clase, que por cierto fue muy divertida, me fuí hasta las oficinas del Comité Nacional del Servicio Electoral a cumplir con mi obligación y condena.

    La situación se está poniendo demasiado difícil como para quedarse estático viéndo cómo nos aplastan los poderosos.

    Pero hoy no quiero hablar de eso.

    Para los que no lo han hecho, vayan corriendo a comprar el CD de Bebo y Cigala: «Lágrimas Negras». Abomino la música flamenca, y este disco es la mezcla de música cubana de la mejor (¡exagerao!) con el pianista Bebo Valdés interpretada por un «cantaor» flamenco, Diego «El Cigala». Insisto, aborrezco el flamenco y variantes, pero éste es un disco estupendo.

    Bebo Valdés salió de Cuba antes de la revolución y todo este tiempo ha vivido en Suecia, lo cual ha resultado en que mantiene un estilo muy cubano anterior a la influencia que la educación de la escuela clásica rusa permeó en la isla.

    Para los que hayan visto la magnífica película española «Soldados de Salamina», El Cigala es quién canta «Suspiros de España» en la escena en la que el jóven soldado republicano besa a la lluvia en el patio de la cárcel. Realmente vale la pena ver la película, quizá tan sólo por esta escena.

    Se me ocurre que en las morgues se toque contínuamente la versión que hacen de «La bien pagá» ---canción que no es de Bebo Valdés sino más bien del repertorio de Juan Legido---, si los muertos no resucitan, es que tampoco querían estar vivos.

    De nuevo una referencia cinematográfica. A los que no han oido esta canción ni saben quién es Juan Legido, pero de casualidad han visto esa joya de película de Pedro Almodóvar «¿Qué he hecho yo para merecer esto?», «La bien pagá» es la canción que interpreta el mismísimo Almodóvar en un segmento televisivo caracterizado como guardia real. Para los que no han visto esa película ¿qué esperan? ¿Que se las preste?

    Es malo, sabes

    Y aún me preguntas por qué. Desearía que nadie me lo hubiese dicho. Sólo sé que es malo hacerlo así. Aleja tus bajas maneras de mí. Es malo y lo sabes.

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    lunes, 14 junio 2004

    Desperté esta mañana y me encontré con que había muerto
    ¡Ganaron los Pumas! Se hizo juticia. Mañana en Nutrición, Agustín nos va a limpiar los zapatos a varios con la camiseta del Guadalajara. No se porque apuestan esas cosas.

    Tras el partido fui a comprar los periódicos y a casa de mi hermano. El tráfico por la ciudad ligerísimo. Ojalá fuese así siempre.

    Ayer comí con Adrian Kornhauser y Alejandro Alvarez en el restaurante «La Posta». Está al lado de la casa de Adrian. Si vieron la película «Missing» de Costa Gavras con Jack Lemmon y Sissy Spacek, es en la casa donde viven Sissy Spacek y el hijo de Jack Lemmon.

    El restaurante es estupendo y las pizzas muy buenas y apegadas a lo que son las pizzas en Italia.

    En cuanto a la película «Missing», vale la pena verla. La historia es la de una pareja joven de activistas gringos1 que viven en Santiago de Chile cuando ocurre el golpe de Pinochet. El chavo desaparece y su padre llega a los pocos días para, junto con su nuera, comenzar una letanía en los centros de detención buscando a hijo y marido. Lo más impresionante es cómo el padre va cambiando de ser un hombre conservador, cristiano y patriota, que confía en su gobierno a un aflijido padre al que se le abren los ojos ante la crueldad del sistema que ha defendido.

    Otro detalle que me parece sobresaliente es cuanto me impresionó porque, como está filmada en México, parecería que el golpe ocurre aquí. Incluso los uniformes de los soldados son parecidos o los mismos que los de los soldados mexicanos en 1968.

    La música recuerdo que es de Vangelis Papatanasius. Me gusta mucho como compositor, pero no recuerdo que la banda sonora de esta película destacara.

    El golpe militar contra Allende ocurrió cuando yo vivía en Panamá y recuerdo que llegaron varios nuevos compañeros a la secundaria cuyos padres habían recibido la «Beca Pinochet» que sensiblemente los invitaba a vivir en otros países.

    Bueno, el caso es que las pizzas son magníficas en «La Posta», otro día regresaré por las pastas.

    También son recomendables otras películas de Costas Gavras como «Z» y «État de siège». «Amén» me molestó mucho.

    Espero que este blog no termine como un aburrido recuento de películas y restaurantes.


    1 Gringo como gentilicio, sin connotación despectiva.

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    sábado, 12 junio 2004

    Sposa, sono disprezzato
    También dejar de escribir se convierte en un vicio. Al principio lo haces por diversión, por ver hasta donde llegas, pero se acumulan los días y ya no quieres interrumpir la racha sin escribir.

    Han pasado muchas cosas, Fox ha dicho muchas imbecilidades, pero no voy a comentar nada sobre eso. Sólo voy a decir que Helguera hizo un cartón genial para La Jornada de hoy:

    Ssssstupendo.

    ¿Saben qué más es estupendo? En la cena de navidad de 1998 se me rompió una muela. Tal cual. La maldita decidió que no quería vivir más y se rompió en varios pedazos. Por supuesto que dolió asaz y por supuesto que en dos días no conseguí un dentista. Lo único que me quedó fue matarla con buches de tequila. Bueno, la verdad no la maté pero alivió el dolor y creo que mantuvo a raya la infección.

    Para cuando conseguí un dentista, el infalible «amigo de mi primo, que tiene manitas de seda y uno no siente nada», me convenció de que había que «salvar la pieza». Se sucedieron innumerables y procelosas travesías entre mi casa y el consultorio en las lejanías de Polanco. Sesión tras sesión de dolor. De oir el mismo chiste «te dejé con la boca abierta y babeando ¿a poco no?».

    Pasaron varios meses de una lenta y agónica endodoncia. Luego la fabricación de la «corona». Pero la ceremonia de coronación, tan pomposa como mi impaciencia, nunca se dió. En algún momento una diferencia con la persona que me recomendó al dentista se tradujo en un enfriamiento de la relación médico-paciente al grado de que al final me dió el popular «mi secretaria te llamará para la siguiente cita». Nunca ocurrió en parte porque tampoco me respondió llamadas.

    A los pocos días se cayó la capa protectora que dejó sobre el cacho de muela. Pasaron los años y de la poderosa muela solo quedaron la raíz y algunos fragmentos a ras con la encía.

    Por la diferencia en presiones entre las piezas superiores e inferiores un par de años después se rompió la muela de la mandíbula superior que se corresponde con la aledaña a la tan mentada. Ya son dos muelas rotas.

    Misma historia, pasa el tiempo y de las muelas no queda gran cosa. Para el ojo poco educado, porque el dentista que estoy viéndo las detectó cuando me aproximaba a la puerta de su oficina.

    El martes van pa'fuera las dos. Seis años después se corregirá el error.

    Intermezzo

    ¿Hay alguien aquí que llore por un criminal?

    La pregunta es retórica. Todos lloran por los suyos. No importa que sean despiadados, mezquinos o deleznables. Todos lloran por los suyos. Menos por los desamparados. Menos por los que en la desesperación delinquen.

    ¿Quién sanará mi alma?

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    martes, 08 junio 2004

    En el centro del bosque hierve en un caldero...
    Aunque para mí esta nota se escribe el lunes 7 de junio, formalmente ya es el martes 8 de junio de 2004. Para mí los días no comienzan sino hasta que amanecen, pero haré una excepción para poder escribir sobre lo siguiente.

    Hoy se conmemora el cincuentenario de la muerte de Alan Turing, sin duda el matemático con mayor influencia en el cómputo. He leído algunas biografías suyas, porque hace tiempo me obsesionó conocer a la persona con esa mente portentosa y también porque, qué caray, soy un «vida ajena» y me encanta leer biografías. En fin, de las que leí la que sin duda más me gustó es la de Andrew Hodges ---matemático e historiador--- que además está prologada por Douglas Hofstadter.

    El libro tiene una página que es un excelente complemento al libro, pero avisados sean todos los homófobos de que el autor, al igual que Turing, es homosexual.

    De no ser por esta coincidencia, y el hecho de que Hodges es matemático de profesión e historiador de afición, no sería una biografía tan buena. Varias veces, en diferentes biografías, leí el episodio del suicidio de Turing, pero sólo pude comprender la tragedia en que vivió los ultimos años y que lo llevó al suicidio con este libro.

    Pero no sólo ayuda a comprender los sentimientos y el entorno de Turing sino que además son magistrales las explicaciones de los detalles de su trabajo. En particular el cuarto capítulo «The Relay Race» vale por si sólo. Los demás capítulos tienen cada cual su mérito y en general el trabajo histórico y de análisis documental es titánico, no por la cantidad dado que la mayoría del trabajo se mantuvo oculto hasta hace relativamente poco por las implicaciones militares, sino por lo disperso.

    Tomando en cuenta que fueron las ideas de Turing las que hicieron posible la computadora tal como la conocemos y las que fundaron las ciencias de la computación, y que fue su brillante trabajo en criptografía el que ayudo a que los aliados ganaran la II Guerra Mundial, considero casi obligado el que se lea esta biografía.

    Recomendadísima la biografía a todo mundo, va el ISBN 0-8027-7580-2.

    Bueno, librado el tema del día, van las disquisiciones, o la disquisición a ver qué tan dispuesto estoy a escribir hoy.

    La primera viene del programa «Otros Angulos» que hoy tuvo como tema la arquitectura.

    Frase lapidaria de por medio, «La arquitectura es el testigo insobornable de la grandeza de una civilización» de Octavio Paz, me detuve a pensar de nuevo que el trabajo de un programador es de los más ingratos. Un arquitecto es recordado por años ya sea porque deja un estilo, como Gaudí o Luis Barragán, o porque basta una de sus obras para que sea inmortalizado. Incluso si en su obra priman las mamarrachadas será recordado y por años quedará la constancia de su trabajo.

    En el caso de un programador, uno es el héroe anónimo que saca la chamba a deshoras, ingiriendo litros y litros de café, mal alimentado, a veces a punta de pizzas secas y duras o galletas rancias, para que otros lleguen y se acuesten sobre la cama de laureles que uno les tendió.

    «Uy manito, fíjate que ese Filibundio es un gran planificador». Ajá, a mí me gustaría saber donde estaría ese «planificador» sin los datos oportunos y el análisis automatizado que uno parió tras varias noches en vela.

    Habrán comprendido ya que me refiero al programador que hace sistemas «verticales», que es el ámbito en el que me he movido. Los otros, los que trabajan en grandes empresas que hacen software de uso masivo son aún más anónimos, tanto que no me interesa escribir acerca de ellos.

    Cada que uno libera un sistema, proceso en sí muy doloroso, tiene que hacerse a la idea de que sus días están contados. Es muy triste, pero algunos de los sistemas más grandes en los que he participado no han sobrevivido mas de un par de años. Mi primer trabajo pagado como programador fué en la Subsecretaría de Educación Superior e Investigación Científica de la SEP. El primer sistema en que trabajé y al que dí mantenimiento por cerca de medio año, fue un sistema para llevar todos los asuntos de los becarios de la SEP en universidades privadas, escrito mayormente en Pascal en una Pr1me corriendo Pr1mos. Antes de un año de que el equipo en el que trabajaba salimos de allí, ya lo habían reemplazado por un sistema en dBase II en las que comenzaban a ser las populares PCs.

    En realidad los primeros sistemas en mi vida desaparecieron junto con el hardware en el que corrían. Algunos otros se fueron con DOS y otros por obsoletos en sí.

    Pero los más tristes son los que desaparecieron porque ese era el interés de algunos malnacidos.

    Bien, punto final, hasta aquí llegué por hoy. Y Cenicienta cayó en un trance provocado por la pócima en la manzana...

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    lunes, 07 junio 2004

    Una imperceptible transgresión de dolor
    La inflamación de la muela está bajando. El dolor casi se va. Me gustaría decir: «ya no recuerdo cuanto dolía» pero aún lo tengo presente.

    Fin de semana de cine. Prácticamente no salí de la casa, así que me la pasé viéndo películas. En orden, «Le Souffle au coeur» de Louis Malle, «On the Waterfront» de Elia Kazan, «Fahrenheit 451» de François Truffaut y «The Deerhunter» de Michael Cimino.

    Las dos últimas hace mucho tiempo que no las veía así que merecen los primeros comentarios.

    Truffaut es un dios. De todas sus películas esta era la única que, durante mucho tiempo, dije que no me gustaba. De hecho la compré porque estaba más barata que el resto de su filmografía, quizá porque la edición es gringa en vez de francesa, y porque pensé que había que darle otra oportunidad. Simplemente no la había comprendido. Anteriormente la ví dos veces. La primera vez recuerdo bien que la consideré una película barata de ciencia ficción de los sesentas. Nunca me ha gustado la ciencia ficción, la barata menos aún y si es de los sesentas, es como para vomitar. La segunda vez recuerdo que pensé «seguramente necesitaba la lana y por eso hizo una película por encargo y además en inglés». Pero también noté detalles que la incluían con derecho en la obra de Truffaut. No he leído la novela de Bradbury, por lo mismo, porque no me gusta la ciencia ficción, pero después de esta vista me quedaron ganas.

    Las cosas nuevas que noté: a) la serie de homenajes a Hitchcock; b) la absurda exageración de los colores, quizá protestando porque lo obligaron a filmar en color; c) el contraste tan elaborado entre lo antiguo y lo futurista, seguramente para resaltar lo segundo por problemas de presupuesto; y d) la eterna sensibilidad de Truffaut.

    El caso de «The Deerhunter» es de esas películas que lo marcan a uno de por vida. Esa fue la película con la que decidí que Robert De Niro es el mejor actor que hay. Con la segunda parte de «The Godfather», luego «Taxi Driver» y «1900» estaba casi seguro, pero esta fue la definitiva. Con «Raging Bull» me volvió a impresionar y no importa cuanta porquería haya echo después (aunque muchas muy buenas también), será difícil que alguien lo desbanque.

    En sí la historia de «The Deerhunter» es demoledora, la dirección estupenda, las actuaciones de Crhistopher Walken, De Niro, John Cazale, John Savage y Meryl Streep son todas de primera.

    Consulté la filmografía de Cazale para saber porque no había hecho más películas y me enteré de que para cuando estaba filmando esta ya tenía cancer diagnosticado. Murió poco después de que la terminó. Quizá lo recuerden por el papel de Fredo en «The Godfather», pero creo que el mejor papel que hizo fue el del socio de Al Pacino en el asalto al banco en «Dog Day Afternoon».

    No sabría decir en que lugar, pero definitivamente «On the Waterfront» está entre mis diez películas favoritas. Es también una de esas películas que tengo que ver con frecuencia.

    Finalmente, «Le Souffle au coeur». ¿Qué se puede decir de una película en la que el incesto de un adolescente de quince años con su madre es pintado tan natural? Es una película muy fresca, aunque es de principios de la década de los 1970, y que pinta la entrada a la vida del personaje con tanto desenfado que no incomoda.

    En realidad vi más películas, pero no vale la pena mencionarlas.

    Se preguntarán qué leí en Proceso hoy. Nada destacable. Los recuentos de las mentiras de Fox y otros panistas destacados llega a ser tan aburrido que no vale la pena mencionarlo.

    ¿Alguna sesuda e ingeniosa introspección? No, este fin de semana sólo vi películas. Trabajé un poco un problema de demografía, pero más como divertimento que como algo útil. En realidad tenía que hacer algo puntual, pero digamos que discurrí por los caminos de la futilidad lúdica.

    Bueno, algo extraordinario es que ayer hice la mejor omelete con champiñones hasta ahora. La acompañé con puré de papa (sí, del de paquetito) y un chorro de chiles jalapeños. Qué delicia. La sigo paladeando.

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    sábado, 05 junio 2004

    Disculpe las molestias que esta obra literaria le cause
    Por remodelación del autor este blog estará fuera de servicio por un par de días.

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    jueves, 03 junio 2004

    Maldigo ese sueño
    Atravesar media ciudad dos veces no cuenta como atravesarla completa una vez. Sin embargo, hacer lo primero cansa el doble que lo segundo.

    Se preguntarán porque atravesé media ciudad dos veces...

    Hoy leí más crónicas acerca de la represión en Guadalajara durante la cumbre entre América Latina y el Caribe y la Unión Europea. Tanto en los periódicos como las que me siguen llegando por emilio. No cabe duda, el estado tiene el monopolio del ejercicio «legítimo» de la violencia y pretende seguir manteniéndolo.

    En particular el testimonio de Silvia Ordaz Amor, mujer española detenida y deportada, es ejemplar. No sólo no participó en la protesta violenta que todos vimos en la tele, que a final de cuentas no importa, porque el estado no «tiene» porque justificar sus acciones y no mostró pruebas de que los detenidos correspondan con los que fueron filmados cometiendo desmanes y estropicios. La detuvieron varias horas después, al tiempo que abordaba un autobús en una zona alejada del centro.

    Todos vimos que la policía tenía completamente rodeados a los rijosos en el momento culminante de la violencia. Es decir, son testigos del delito y deciden que no es oportuno detenerlos en ese momento, en flagrancia. Quizá no les interesaba detener a esos vándalos. Las detenciones se hicieron después, y hasta el momento no han mostrado pruebas de que los detenidos sean los que todos vimos en los periódicos y noticieros.

    Continúa el testimonio de Silvia con el cómo fueron vejados y humillados en el sitio donde los retuvieron secuestrados. Digo secuestrados porque hasta el momento no se les ha declarado detenidos ni se les ha presentado ante un juez.

    Para colmo, cuando se presenta el cónsul del gobierno e