¡Salud y Anarquía!
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Anarchism & Irish Politics
Anarchy for Anybody
Institute for Anarchist Studies
Politics on the ETEXT Archives
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The Spanish Civil War: Anarchism in Action
Ya sé que esto es una tontería, pero para eso está el WEB, para contar historias tontas y poner fotos de uno con su mascota, aunque le dé coraje a Mario Rodríguez Manzanera.
Pues resulta que el asunto es muy simple: me dicen La Mancha, porque ese es mi nombre. El apellido de la familia es Mancha y mi padre, músico de profesión, a cada hijo nos puso el nombre de una nota, i. e. el hermano mayor se llama Do, el siguiente Re, etc. hasta que a mi me tocó La y a mi hermana menor Si, que es una verdadera friega, porque cada vez que le preguntan su nombre, es casi seguro que tendremos otro sobrino en casa.
Ejem, veo ---por el hábil applet en Java que hackeé hace unas noches--- que la historia no te convence, bueno, a mí me gusta más esta, pero aqui va la verdadera y única historia:
Staba yo un día de lo más contento dedicándome a las labores propias de mi sexo y condición, o sea, libando como el crápula que soy, cuando llegó mi amigo Felipe Contreras Reyes y me soltó de golpe: Voy a tomar un curso de computación I ssssstupendo, tienes que entrar. No hubo manera de convencerlo de que a mí las computadoras ---e incluso las calculadoras--- me resultaban de lo más repugnantes. El caso es que terminó convenciendome y fui con el a inscribrime al curso que daban Max Díaz y Raúl Medina Mora.
La novedad del curso es que nos daban chance de usar una máquina multiusuario novedosa, la Foonly-F2, de la cuál sólo se hicieron 16 ---esta máquina era una belleza, en algún momento escribiré su historia---, volviendo al asunto de marras, esa máquina estaba aquí en el depto. de Ciencias de la Computación del IIMAS y como era muy utilizada en aquella época, sólo teníamos oportunidad de usarla de las 8 de la noche a las 9 de la mañana, pero aún así teníamos que esperar a que los alumnos de la maestría liberaran una terminal, lo cual generalmente ocurría después de las 2 de la mañana. O sea, que uno se aburría mucho, pero también tenía chance de leer muuuuchos manuales.
Fué así como nos dimos cuenta, Jaime Albarrán y yo, de que el sistema de Bulletin Board aceptaba mensajes con pseudónimos. Cosa grande, porque hasta ese momento lo usaban para mandar anuncios serios sobre pláticas, nuevas utilerías, conferencias y otras chorradas por el estilo. Craso error, la posibilidad de mandar mensajes anónimos en manos de estudiantes de licenciatura, es cosa peligrosa. El primer mensaje que mandamos fue preguntando si alguien había visto un piano olvidado en la sala de terminales, firmado por Franz Lisp. No diré quién, pero un investigador salió apresurado a la sala de terminales a ver si todavía estaba el piano.
Después se desató una retahila de mensajes chuscos firmados por: El eructo del bisonte voráz, la Banda Trapera del Rio, La Banda del Extremo Placer Solitario (la famosa BEPS, mi favorito) y otros más ridículos aún. El problema llegó el día que se me ocurrió firmar uno como La Mancha. Eso fué cosa fina. Todo el mundo comenzó a comentar intrigado que quién sería esa Mancha. Con el éxito de aquél mensaje, seguí usando ese pseudónimo, aunque no me gustaba.
Me enredé en una batalla de mensajes con El Ojo del Tigre ---de lo más barato, ¿no? Sólo a un débil mental se le puede ocurrir usar un pseudónimo así---. Debo aclarar que para mantener el anonimato, llegaba a la sala de terminales y sólo mandaba mensajes cuando había mucha gente, y con toda la sangre fría del mundo lo hacía con gente sentada al lado y otros pasando por detrás, para que me fuese posible mantener esa identidad secreta. Hasta que para mi desgracia, un día no me aguanté las ganas de mandar un mensaje, cuando aparentemente había otros usuarios, pero que en realidad no estaban, sino que se habían quedado en sesión. Maldito día. Fue fácil pescarme porque era el único fulano en sesión en ese momento. Desde entonces soy La Mancha. Pero no para mi mamá que me sigue diciendo Fernando Javier, ni para mi padre que me sigue diciendo imbécil.
La pregunta sigue: ¿estuvo muerta La Mancha? Sí, por un tiempo. ¿Se puede saber la razón? No.